dimarts, 25 de novembre del 2008

El caballero

¿Alguien sabe quien es el caballero que está sentado en la playa?

Lleva aquí desde antes de que el sol abriera sus ojos luminosos, de que nosotras besáramos sus zapatos, era… muy temprano, algunas de vosotras no os habíais levantado aún.

Si os calláis -dicen los granos de arena, al unísono, a las olas del mar- podremos escuchar sus pensamientos, hoy la tramontana sopla muy suave y apenas se oye su murmullo.

El está sentado, con las rodillas cogidas entre sus brazos, la cabeza apoyada, con el sombrero puesto, en las piernas. No es consciente de que la marea ha subido y el mar moja sus botas. Sus pensamientos, suenan para todo lo que le rodea.

Ha llegado el momento, llevo huyendo casi bien cuatro meses, a partir del día de la muerte de mi familia, mis padres y mi hermana, ejecutados por la Inquisición, y en pocos momentos escucharé las sonoras voces de los cascos de los caballos, yo mismo les he dicho dónde me podían encontrar.

El Obispo no será feliz, no podrá ocupar mis tierras, mientras yo siga vivo las heredades de la familia son mías, necesita mi cadáver pero no lo conseguirá.

Es una mañana perfecta, el sol ha salido con alegría, como para decirme “te ilumino el camino”, a media tarde las nubes que se anuncian en la lejanía ocuparan todo el cielo, posiblemente llueva, quiero pensar que los ángeles llorarán por mi.

Ya están aquí. Amigas olas, ser generosas, acogedme en vuestro seno y acariciar mi cuerpo, que el amor me lleve a donde quiero ir.

Se levanta y lentamente se adentra entre las crestas del agua, hasta que desaparece en el horizonte cercano. Los soldados hincan las espuelas en sus caballos, que resoplan con violencia, escupiendo fuego por su hocico, saltando al vacío, pero el aire se convierte en brusco tornado y les aleja cada vez más de la orilla, la arena de la playa se agita y deviene en tormenta, desmontando a los jinetes que terminan en el suelo, y el mar…, el mar envuelve amorosamente al caballero, mientras brotan lágrimas de lo alto.

dilluns, 24 de novembre del 2008

Matrimoni Arrenjat

Guillema de Peratallada avançava amb pas ferm cap a l’església, l’acompanyava darrera seu un petit grup format per doncelles i familiars. Anava vestida amb un preciós vestit de color marfil amb rics brodats en fil d’or i perles que dibuixaven una heura enfiladissa al voltant de l’escot i les amplies manigues. Al cap portava com a únic tocat una cinta daurada, trenada amb els seus llargs cabells rossos i una sencilla corona de petites flors silvestres, semblants a aquelles que formaven el ram de nuvia.
A peu dret, devant la porta de l’esglesia, l’esperava Gilbert IV de Cruïlles al costat del mossèn. Era un desconegut al poble, hi havía arribat feia dos dies, el mateix temps feia que Guillema havia conegut per pimera vegada el que el seu germá havia triat per ser el seu marit. Era un home de gest seriós i posat altiu. Anava ostentosament vestit, mostrant així que pertanyia a una família prominent de la comarca, tot i que el llinatge de la seva futura esposa era el més impotant de tot el Baix Empordà.
Feia un dia radiant, el sol del migdía brillava amb tota la seva força, el seu potent reflexe impedia als vilatans presents poder fixar-se en els petits detalls de la celebració. El nítid cel blau era el teló de fons on havía de tenir lloc aquell enllaç amb un significat polìtic, que no romàntic. Tots els allí presents sabiem que aquell dia marcava un canvi, poc o molt important, en les nostres vides. Aquella boda signifcava l’anexió de totes les propietats d’ambues famílies formant així una gran baronia, i, per tant, canvis per tots els habitants de la comarca. Tindriem un nou senyor.
Es va aixecàr una lleugera brisa que va fer voleiar les faldilles de les dones presents a la plaça format un remolí de vius colors. Guillema era una noia bonica sense necessitat d’adornaments, però el vent que bufava li donava un aspecte especialment màgic a la seva figura, la fina tela gairebé blanca de la faldilla voleiava a contrallum enredan-se’li amb les flors que potava a les mans i el sol es reflexava en els seus cabells rossos formant una aurèola daurada al seu voltant.
A tots els pesents ens va envair la por que aquella fina brisa no es convertís en les fortes ràfagues de vent típiques de la zona i que els camperols ja estaven acostumats a patir, ells l’anomenaven tramuntana i era capaç de fer malbé collites senceres amb la seva força. Vem mirar cap a l’horitzó on a la llunyania es divisaven alguns núvols dispersos que venien desde el mar i s’anaven apropant a poc a poc segons el ritme que marcava el vent, però no semblava que el temps ens anés a espatllar la cerimònia. Tots els curiosos allí reunits veiem Guillema encaminar-se cap a un futur incèrt, al passar per devant meu va girar el cap lleugerament per protegir-se de la polseguera que havia aixecat la ventada, en aquell moment ens vem creuar fugasment les mirades, només un segon, però en el seus ulls només hi vaig llegir resignació.

diumenge, 23 de novembre del 2008

Víspera de boda

La joven se había cubierto con la capa negra de su padre para pasar así más desapercibida. Había escapado de su casa aprovechando que la madre rezaba el rosario y el padre partía leña en el corral.
No habían sido una familia afortunada. Sus padres la tenían a ella como única hija y aunque esto les llenó de tristeza supieron darle cariño, pero sabía que en el pueblo se hablaba de ellos como si estuvieran maldecidos.
Eran pobres, y aunque la enfermedad les había respetado, al ser sólo tres no habían podido trabajar tanto como otros que tenían seis o diez hijos, pero todo eso estaba a punto de cambiar ya que ella había tenido la gran suerte de ser escogida, para ser su esposa, por el campesino más rico y protegido por el señor del pueblo,
Desde que las campanas habían tocado la hora Nona había estado inquieta y esperaba anhelante el toque a Vísperas para salir. Por fin el sol se escondía y ella había podido escabullirse.
Llegó ante la casa, de madera y adobe, muy parecida a la suya aunque algo más grande, con miedo llamó a la puerta.
Desde dentro la voz de un anciano le respondió dándole permiso para entrar.
-¿Cómo te has atrevido a venir a estar horas tú sola? ¿Lo saben tus padres que estás aquí?
-No, pero necesitaba preguntarle. Ya sabe. Mañana me caso.
-Si, bien que lo sé ¿y para qué me quieres? Yo no soy el cura.
-Señor Sancho, usted es un sabio, usted me puede decir qué tiempo hará mañana.
El hombre se río de las palabras de la joven.
-No soy sabio Juana, soy viejo, tengo setenta años y no he salido nunca de este lugar, por eso sé tanto del tiempo, porque he observado mucho.
-En el pueblo dicen que usted es poco menos que un brujo porque siempre adivina si va a llover o no, si nevará, o si hará viento…
-Son unos ignorantes supersticiosos, aún no sé cómo no me han quemado ya. Les debo dar miedo.
-Le necesitan.
-Porque no saben mirar al cielo.
-No me haga sufrir más. Dígame ¿Lloverá mañana?
-¿Tú qué quieres?
-Lo he previsto todo señor Sancho, mañana es luna llena y estamos en junio, es el mejor momento para casarse, mi primer hijo podrá nacer en primavera, sólo me falta saber si lloverá o no.
El viejo se miró a la muchacha con dulzura. Para ella era un milagro aquella boda, iba a poder salir de la miseria. No importaba que él fuera quince años mayor ni que la hubiese escogido por su naturaleza sana y porque estaba acostumbrada a trabajar duramente. Cabía la posibilidad de que ella no pariera muchos hijos, pero eso no le importaba, su primera mujer ya le dio cinco.
-¿Sabes? Soy viejo y ya no puedo trabajar el huerto pero sí que me queda vista para mirar arriba y hoy he pensado en ti. Este no ha sido un año de lluvias, con la falta que nos hacen, mañana no lloverá, no porque tú le hayas rezado a Santa clara como te ha dicho tu madre, sino porque no hay nubes ni habrá durante unos días. ¿Has visto la puesta de sol?
-Cuando venía.
-Te habrás fijado que el cielo no estaba muy rojo. Mañana no hará viento. Tendrás un cielo limpio y podrás casarte bajo la luna llena, eso ya te dará la tranquilidad que buscas.
-¿Y tendré muchos hijos?
-No necesitas lluvia ni lunas llenas ni nada de eso, Juana, tendrás hijos, Ramiro es fértil y seguramente tú también.
-¿Y si me pasa como a mi madre?
-No serán las nubes las que te impidan tener descendencia. Anda, vuelve a tu casa y duerme tranquila. Mañana será un gran día. Lucirá el sol y lucirá la luna. Cásate en paz y procura ser feliz. Quiere a tu marido y a sus hijos y a los tuyos propios enséñales a leer y un oficio. Les hará falta en el futuro.
-¿Por qué me dice esas cosas señor Sancho?
-Porque igual que Dios me ha dado tiempo para observar los cielos también he podido fijarme en los hombres. Anda, vete a tu casa.
-Gracias señor Sancho.
La muchacha se acercó al viejo y le besó en la mejilla. Estaba agradecida. Era un hombre raro pero aunque no le entendía del todo sabía que no era un brujo, para ella era más un sabio.
-Le haré caso. Enseñaré a mis hijos a leer.
-Y un oficio, acuérdate.
-Así será.
-Vete en paz.
Corrió de vuelta. Por suerte para ella sus padres no habían notado su ausencia y pudo meterse en la cama sin dar ninguna explicación sobre lo que había hecho.
A los Maitines se quedaba dormida.
El resplandor de la casi luna llena entraba por la ventana e iluminaba su rojo vestido de novia, heredado de su madre y ésta de la suya.

dimarts, 18 de novembre del 2008

El reencuentro

El
Tengo el estómago hecho trizas, después de la borrachera de anoche, esta resaca está acabando conmigo.

Temo este día. Cada víspera apurando vaso a vaso el alcohol que me aturde, esperando que transcurran los minutos, a mi me gustaría deprisa, pero ellos imperturbables, lentamente. Que amanezca y sobre todo que pase.

Sentado aquí, en la cocina, a oscuras, entre arcadas y vómitos que me hacen correr al water, pienso en ella, mientras en la cama mi mujer duerme, como siempre, de día y de noche. La luz de la farola tintinea por la ventana, haciendo visible el frío de la noche.

Seré capaz de hacer aquello que tanto deseo, por lo que no quiero morir, quiero oírla, verla, abrazarla, bailar con ella y explicarla, decirla que sé de cada instante de su vida, de sus alegrías, de sus hijos, de sus malos momentos, de sus éxitos en su trabajo.¡Como podría contárselo...!

Las nueve, seguro que acaba de llegar al trabajo, hoy si la llamaré, ¿Querrá hablar conmigo? ¿Se acordará? ¿Seguirá amándome? ¿Deseará verme? ¿Se enfadará si la digo que se todo de su vida? ¿Es una buena excusa, su cumpleaños?

Bajaré a la cabina.

Suena el teléfono, ¿cuelgo? ¿Dejo transcurrir otro año más? ¿Igual el próximo es mejor? No, no quiero seguir desaprovechando el tiempo.

- Hola, ¿Esta la Sra. Juana Blanco?

-

- Disculpe, es importante, ella me conoce, pero quiero que sea una sorpresa.

-

- Sólo será un momento.

- ..

- Gracias

Tengo que esperar, el corazón me late a cien por hora, parece que no puede atender la llamada, pero no quiero decirle a su secretaria quien soy, ha de ser una sorpresa, así podré escuchar su tono de voz, y me dirá que siente ¡la conozco tanto!

- Felicidades

-

- Si, soy yo

-

- He deseado tanto, escucharte. 27 años soñando con el momento de oír tu voz.

Se que estás ocupada y no puedes hablar conmigo, pero no podría encontrar otro motivo mejor para llamarte que tu cumpleaños.

-

- Si te llamaré mañana.

Que tengas un día muy feliz, el mío lo será, amor. Calienta el sol, su voz sigue siendo cálida, pastosa, vibrante, llena el alma. ¿Por qué espere tanto?

Ella

Tengo la agenda llena. Ni un momento de relax. Será un día duro.

- Luisa, no me pases llamadas, necesito reflexionar sobre todo lo que tengo que hacer hoy.

- Perdona, acaba de llegar un ramo de flores para ti.

- ¿Si? ¿De quién es? ¿Por qué?

- Es de los colegas, es tu cumpleaños.

- No me digas, ni me había acordado, por favor, cítales para tomar algo a la una en el bar de al lado. Hoy no podré ir a comer con nadie, y recuérdame que luego les de las gracias. Ahora no me pases llamadas.

No puedo pensar en mi cumpleaños, supongo que cuando llegue a casa, me habrán preparado la sorpresa de la tarta, como todos los años. Hago 48 años, soy una ejecutiva

¿Feliz? si, no puedo pedir mas de lo que tengo. Mi marido me adora, cuida de mis hijos, mientras yo me paso las horas en el trabajo.

- Juana, tienes una llamada.

- ¿De quien?, creo que te dije que no me pasaras ninguna, además hoy todos querrán felicitarme.

- Perdona, es alguien que me dice que es importante, que le conoces y que será un momento.

- Vale.

- Si, dígame.

- ……

- ¿Eres tú? ¿Cómo te has acordado?

-

- ¡Que llevas 27 años pensando en mí!... En estos momentos no puedo hablar, pero llámame mañana y hablamos ¿te parece?

- ..

- Hasta mañana

No puede ser verdad. Como podría pensar que él se acordaría de mí, yo lo había olvidado. Me ha convulsionado el estómago, miles de mariposas se han apoderado de él, tengo ganas de vomitar.

Entra el sol por la ventana, no me había percibido de lo hermosa que está la mañana.

¿Cómo se habrá decidido a llamarme? Se de su vida, está casado, tiene 5 hijos, todos chicos y se que se marchó a vivir al pueblo, después de que lo nuestro acabara.

Su voz, sigue siendo potente y caliente, profundiza en mi interior, me envuelve.

- Juana, han llegado los de Paris, están en la sala de reuniones. ¿Te pasa algo?

- No, estoy bien.., ahora voy, necesito unos minutos para reponerme.

- ¿Quién era?

- El pasado, nunca tan presente como hoy.

dimarts, 11 de novembre del 2008

Tipología de la narración

Narrador en 3ª persona
Eran más de las cuatro de la madrugada y continuaba no sólo sin pegar ojo, sino también sin poder poner freno a ese loco rojo que tenía por corazón. Cuando hace unos meses Carlota decidió parar o al menos desacelerar, dejar dejar de comer piruletas y dedicarse a ella misma jamás pensó que sería tan difícil.
Luís estaba a su lado, como siempre, incluso cuando no estaba. Había aprendido que era mejor no intervenir cuando entraba en uno de sus ataques porque tenía demasiadas cosas en la cabeza y por hacer. Había aprendido que lo que ella necesitaba era aprender por ella misma, pero se quedaba a su lado sólo para que ella supiera que estaba allí.
A las cinco sónó el teléfono, era su madre preguntando como estaba y si habían llamado al médico.

Narrador en 3ª persona testimonio
A las cinco ya no podía más. Estaba preocupada y les llamó. Habló con Luís, su yerno y él, que siempre se mantenía demasiado alejado para el gusto de ella, le explicó que estaba mejor, que la taquicardia había remitido y que ya estaba más calmada.
No entendía muy bien porque su hija había decidido dejar de comer piruletas. Estaba mejor mientras trabajaba que ahora. O eso o estaba sacando todo lo que había acumulado. Si era eso último realmente tenía mucho guardado...

Narrador en 1ª persona
Esta sensación es inaguantable. Menos mal que he hecho caso a Luís con lo de ir al psicólogo. Y que bueno es, estando ahí pero sin intervenir, para que yo aprenda. Que mal me encuentro, ¿Todo esto lo llevaba dentro? Estos nervios, la ansiedad, la inseguridad, las prisas. Sabía que tenía que dejar de comer piruletas pero jamás pensé que sería tan difícil. Ahora mi vida se me hace muy difícil. ¡Jamás volveré a probarlas! claro que, jamás es muy radical y ellas están ahí, esperándome, mirándome, pavoneándose de lo buenas que están. Y son tan irresistibles... Dios! otra vez no! como me duele todo. Me falta el aire y el corazón se me quiere salir del pecho. No he de pensar en piruletas, no he de pensar en piruletas, no..

Narrador en 1ª persona periférico
Pobre Carlota, que mal lo está pasando. Ojalá pudiera hacer algo para ayudarla. Me siento tan impotente viendo lo mal que lo está pasando... Se que no tengo que intervenir pero no puedo verla sufrir. Fue idea suya empezar a comer piruletas y ahora tiene que aprender a dejarlo ella. Tiene que aprender que en la vida hay cosas divertidas y enriquecedoras. Recomensas que no siempre se obtienen de inmediato.
Si al menos pudiera darle aire a sus pulmones o hacer que frenase su corazón...

Narrador en 1ª persona testimonial
Julio, julio, despierta. Luís me ha dicho que Carlota está mejor, pero no me lo creo porqué sino ya estarían durmiendo. Me ha dicho que los latidos ya son más normales y que ya no llora pidiéndo una piruleta. Pero yo lo que quiero es que me lo diga ella.

Diálogo
- Hola María, ¿en que puedo ayudarla?_ Luís contestó al teléfono con un tono cansado. Cansado por la falta de sueño y cansado por tener que contestar siempre a las mismas preguntas de su suegra cada vez que Carlota tenía una crisis de ansiedad.
- Hijo, como puedes ser tan formal y frio. Si te molesta que os llamo te fastidias porque yo soy la madre de Carlota y estoy preocupada por ella_ replicó María que parecía estar también al borde de una crisis de ansiedad.
- No me molesta hablar con usted,_mintió Luís_ simplemente es que estoy cansado, es tarde y también estoy preocupado por Carlota.
- Bueno, bueno... ¿Cómo está? ¿Se ha tomado las pastillas? ¿Habéis llamado al médico? _el tono de María siempre sonaba teatral cuando se refería a algún problema de sus hijos, incluso cuando no los tenían.
- Está mejor, la crisis remite y no creo que tarde mucho en quedarse dormida. Sí, se ha tomado las pastillas. No, no hemos llamado al médico, no lo hemos creído necesario...
- ¿Cómo que no es necesario? Si está a punto de sufrir un ataque al corazón! _¡Ahí estaba de nuevo! ¡Esa era María! siempre exagerando.
- Mujer, que ya le hemos explicado que no es así, que aunque los síntomas puedan parecerse no son lo mismo... _la intentó tranquilizar Luís.
- ¡Eso creeis vosotros! pero si un día se pone peor, si tiene un infarto y creeis que es 'otra cosa', ¿qué? Después lloraremos todos...
- No se preocupe que está bien. Si quiere le digo que la llame dentro de un rato, pero no sé si ya estará usted durmiendo...
- ¡¿Cómo quieres que duerma con lo preocupada que estoy?! Sí, dile que me llame. Y buenas noches _María volvió a colgar malhumorada el teléfono sin esperar respuesta.
- Buenas noches..._ susurró Luís a la línea vacía mientras miraba por la ventaba y pensaba que en breve se haría de día.

Las hormigas


Estoy cansada, he recorrido la ciudad, calle arriba, abajo, sin piedad y mis pies ya piden una pausa. Este será el sitio adecuado; una pequeña plaza, caótica, pero con encanto, y sobre todo viva.

El bar es, como explicarlo, ¿cutre?, ¿sucio? Pero en fin no importa, quiero un café con leche, un te, lo que sea.

Con dificultades, el chico que sirve en el tugurio me ha entendido, otra cosa es que no se que me servirá ¡bien! un capuchino que me ayudará a mitigar el calor, la fatiga.

¡Mierda! A la taza blanca y limpia, con el liquido marrón ansiado, se le ha despegado el asa, ella y todo su contenido ha ido a parar, parte a mis pantalones, que a su vez han cambiado de color, del crema al crema con lunares, y al suelo.

¡Dios mío! ¡Me he convertido en asesina de hormigas! el tsunami del café y la leche se ha llevado por delante tropecientas vidas de estos alineados y alienados insectos.

Ellas, hembras estériles, ápteras, con una visión pobre, siempre a ras de suelo, Obreras por culpa de una dieta de hidrato de carbono, otra cosa hubiera sido si se hubieran dedicado a la proteína, serían reinas, aunque no se yo, toda la vida con prole y encerrada, (pero al menos una vez en la vida habría volado, y buscado un lugar para que los machos la fecundaran) responsables de obtener alimentos para su colonia, de construir su nido, de cuidar a las crías... están ahora perdidas en el mundo de la nada.

¿Las echaran de menos? Siempre he leído que son sociables pero !son tantas!

Estos artrópodos, insectos, himenópteros, formicoideas ¿De que especie serán? Acróbatas(no hacen malabarismos en el aire), aterciopelada de los árboles(aquí no hay ), cortadoras de hojas (bueno, podrían ser llevan trocitos entre las antenas), de campo (no se), del pavimento (no parece), falsa mielera (supongo que éstas tienen algo que ver con la miel, aquí no veo colmenas), grande amarillo (ni son grandes ni amarillas), loca (a simple vista soy incapaz de apreciarlo, tendría que sentarlas en el diván), pirámide (que va), argentina (seguro que no), carpintera (tiene posibilidades, si el trabajo lo ha hecho en el nido), cosechadora (la que mas), de fuego ( no, no escupen fuego por ningún lado), olorosa (si solo huelen las que están vivas…, pero no, tampoco), faraona (si fueran de esta especie me sentiría doblemente culpable, es que suena tan bien su nombre. Faraona, ¡ahí es ná!), pequeña negra (otra posibilidad, son negras y pequeñas, aunque supongo que todas son pequeñas ¿no?)… ¡Son 3.500 diferentes! ¿A cual de ellas habré reducido la población?

Vuelven a rehacer filas, con sus antenas, huelen, degustan y tocan y consiguen unirse a la anterior, a pesar de que faltan entre ellas un sinnúmero de víctimas.

No han podido defenderse de la catástrofe natural, ni con sus chorros de ácido fórmico, ni con su mordedura; el café ha sido su final y eso si, responsables de su función en el hormiguero, veo que no han soltado el trozo de hoja que llevaban.

¡Descansen en paz!

11.11.08 Teresa

Foto: hormigas en Tikal (Guatemala)

dilluns, 10 de novembre del 2008

Llunyana i infinitament distant

La mort va aparèixer per primer cop a la meva vida quan tenia 9 anys. Un company de classe, l’Albert, va morir. No recordo el motiu, només recordo que un matí va entrar la professora a classe i amb els ulls vidriosos va comunicar-nos que l’Albert havia mort de camí a l’hospital. Aquell noi pigallat, amb el qual havia compartit cinc aniversaris a l’escola, havíem nascut el mateix dia, ja no vindria mai més. A partir de llavors el 19 de maig els companys ja no haurien de fer dues corones de cartró decorades amb rotuladors, ni dos collarets de macarrons. Ara l’aniversari només el celebraria un dels dos. Aquell matí les llàgrimes van ser les protagonistes d’una classe de 28 alumnes que, destrossats, van recollir els objectes que el seu company havia deixat, la bata, llibres, llapisos de colors, etc. Segurament, per la majoria, aquell va ser el primer contacte amb la mort.

Des de llavors, aquesta, no va tornar a aparèixer a la meva vida fins que forces anys més tard, després d’una llarga lluita contra un càncer, el meu avi patern va tancar els ulls per darrer cop. En aquells moments t’impacta adonar-te’n que mai més veuràs a aquella persona. No la podràs ni abraçar, ni petonejar, ni barallar-t’hi ni res de res, perquè simplement ja no existeix. Només està en els teus records i ets tu qui s’ha d’encarregar de mantindre'ls i cuidar-los perquè els records s’esborren molt fàcilment. D’ençà que va morir el meu avi, més familiars, més o menys propers, van anar desapareixent. Tot gent gran. Però penses, és llei de vida. Et fas gran i et toca morir. I la mort, encara que a l’Albert li toqués de tant jovenet, igualment la veus llunyana i distant.

De cop, unes proves, uns resultats, una paraula en un informe mèdic ho canvia tot. Qui rep l’informe només té dinou anys, i és el teu germà, i llavors una recorda com n’és de vulnerable la vida i les poques vegades que ho tenim en compte. I ell, durant quatre anys, lluita perquè la paraula maleïda de l’informe mèdic desaparegui. I una desitja que aquest joc estrany i desagradable que es crea amb la mort s’acabi i no torni a aparèixer fins al cap de molts i molts anys. I quan finalment celebres que el teu germà ha guanyat la lluita, que no importen els efectes secundaris que ha tingut tot plegat, perquè tant se val, el que compta és que s’ha curat, una, altre cop, torna a veure la mort molt i molt llunyana i infinitament distant.

Rere la rajola blanca

Totes eren summament felices, els hi agradava tant viure darrera aquella rajola blanca i embellida de la paret de la cuina. Els encantava atacar tot tipus d'aliments que la iaiona, mestressa d'aquell espai dedicat a la creació culinària, deixés damunt del marbre. Per unes formigues, haver trobat un cau en una cuina enorme, plena de menjar i propietat d'una senyora que no s'hi guipava era senzillament genial. La felicitat impregnava les cares d'aquella colla de diminutes. Es passaven els bocins de pa, de pernil, de tomàquet amb una alegria insultant. Així, doncs, la relació entre l'àvia i les formigues era realment bona, bàsicament perquè l'àvia no sabia que existien i elles fotien el que els hi rotava.

Les formigues s'animaven cada cop més i més i s'aventuraven a realitzar rutes més perilloses, fins hi tot accedir a zones glacials, com la nevera. Cada dia agafaven més molles de pa, més formatge, més embotit , més de tot. Amb el sobreexcès d'aliments que recollien el cau se'ls hi començava a fer petit. Com que no trobaven cap altra rajola per ocupar que els hi fes prou el pes van veure's obligades a anar-se atipant de tot el que havien recollit fins llavors. Les formigues ja no eren diminutes. Eren grosses, rodones, macizorres. Vaja, que de petitones, res de res. A elles, però, no els hi importaven els seus problemes de sobrepès, més aviat ben al contrari.

Una, com de moltes altres nits, van sortir a recollir més aliments. Una llarga filera de formigues obeses sortia de darrera la rajola i arribava fins a la zona de molles de pa, continuava fins a la zona tros de fulla d'enciam, tot seguit la filera voltejava la zona gotetes d'oli i finalment acabava a la zona sucre. Les formigues obeses anaven feinejant tranquil·lament quan, de sobte, la iaiona va aparèixer. Aquestes no van ni immutar-se, sabien del cert que aquella àvia no hi veia tres dalt d'un burro així que van continuar amb la seva tasca. Aquell grapat d'acaparadores, però, no eren conscients que els seus diminuts cossets havien agafat unes dimensions considerables i que, per tant, ja no eren invisibles. Però ja no hi havia temps per a reflexions perquè en aquell moment l'àvia amb un gotet de llet amb un xic de cafè va anar a buscar el sucre i...
Quan va anar a buscar el sucre, res de res. Més val no relatar-ho, millor que us quedeu amb la imatge de felicitat de les formigues. Segur que elles haguessin volgut que se les recordés així.

SEGONA OPORTUNITAT

- Has de pensar que la vida t’está donant una segona oportunitat, ja saps que voldrás fer d’ara endevant?
Aquella pegunta provocava en mi una reacció al.lergica, em feia posar, de cop i volta, tensa. Feia aflorar dins meu una barreja d’emocions dispars: estava nerviósa, inquieta, enfadada, fins i tot rabiosa. Em provocava un dolor físic situat en el buit que es forma sota els pits just en el punt on s’uneixen les costelles.
El que em deía el metge era cert, el tractament havía funcionat i ara em trobava gairebé recuperada, però aquella maleida pregunta m’estava torturant desde feia dies, des que em van donar els resultats de la prova. El problema era que no sabía que contestar… no tenía resposta.
Devant el metge vaig donar una resposta curta i convencional, no em venia de gust compartir amb ell les meves inquietuds. Però al meu cap bullien mil idees:
M’agradaría viatjar a Egipte, sempre hi havia volgut anar…però potser ara no és bona època per viatjar-hi i tampoc tinc gaires diners per permetre-m’ho.
M’agradaría anar a viure vora la platja i sortir del brogit de la ciutat…però la meva família i els meus amics sòn aquí, no podría deixar-los, ara no em ve de gust estar sola.
M’agradaría deixar la feina i montar una floristeria…però la feina es el meu medi de subsistencia i jo no en se res de flors.
M’agradaría anar a la Univesitat a estudiar Psicología…però no tinc gaire temps lliure i ja sóc gran per dedicar quatre anys de la meva vida a estudiar.
M’agradaría menjar més gelats! …però no em convenen, engreixen molt.
Cada día se’m acudía algo diferent, però també cada dia el meu cervell buscava els contres. La vida m’estava regalant una segona oportunitat i no sabía que fer amb ella, suposo que sóc covarda. Potser més endevant em sentiré forta per afrontar grans canvis, però ara només voldría recuperar la meva vida tal i com era abans.

dimarts, 4 de novembre del 2008

¡chof!

hormigas.jpg¡chof! aquel hombre que acababa de salir del metro vestido con una camiseta vieja con publicidad de Vodafone y unos tejanos rotos y estropeados, que caminaba taciturno, arrastrando los pies como si en las suelas de sus deportivas sucias de pintura estuvieran hechas de hierro, había pisado a unas cuantas más. Nadie se dada cuenta que estaban ahí. Trabajando afanosamente por el bien de todas ellas, rehaciendo la fila cada vez que la interrumpía imprevisiblemente un zapato salvaje y sin corazón, sin entender bien que pasaba y porque el cielo les caía sobre las cabezas arbitrareamente impidiéndoles hacer ese trabajo que mantendría viva a toda la comunidad.

¡chof! No más, ¡no lo aguanto más! Esta incertidumbre de no saber si este será el último trozo de pan que recogeré y ¿para qué? si no lo disfrutaré... Moriré antes de la próxima primavera, después de trabajar tanto para que a nadie le falte la comida. Después de esforzarme cada día por hacer lo correcto, de rodear obstáculos, buscar alimento, cortarlo, avisar al resto, seguir la fila sin nunca romperla... LLega la sombra negra que anticipa el aplastamiento por un zapato humano y en nada desaparecemos. ¿Qué sentido tiene mi vida, la de todos? Estoy cansada... ¡Me voy!

¡chof! ¡hola hormiguita! ¿Siempre vas tan cargada? ¿Por qué te has salido de la fila? Me gustaría mucho poder ser tu amiga, pero no puedes hablar, eres muy pequeña y no creo que mi papá estuviera suficientemente atento para no chafarte por no verte, no recordarte o no reconocerte entre las demás. ¿Sabes? Me gusta mucho sentarme a observaros, me parece increible que os podáis entender tan bien sin hablar y que ninguna se escape y se esconda para no trabajar. Tened cuidado, deberíais hacer fila por otro camino... delante de la boca de metro no es buena idea, os pisarán.
Pero no entiendo porqué dáis tanta vuelta para rodear la piedra, con lo fuertes que sois ¿Por qué no la apartáis? No te preocupes, yo os la aparto.

¡Chof! ¡Ups! olvidé que estabas en esta mano... ¿hormiguita? ¿estás bien? ¿Por qué no te mueves?