diumenge, 23 de novembre del 2008

Víspera de boda

La joven se había cubierto con la capa negra de su padre para pasar así más desapercibida. Había escapado de su casa aprovechando que la madre rezaba el rosario y el padre partía leña en el corral.
No habían sido una familia afortunada. Sus padres la tenían a ella como única hija y aunque esto les llenó de tristeza supieron darle cariño, pero sabía que en el pueblo se hablaba de ellos como si estuvieran maldecidos.
Eran pobres, y aunque la enfermedad les había respetado, al ser sólo tres no habían podido trabajar tanto como otros que tenían seis o diez hijos, pero todo eso estaba a punto de cambiar ya que ella había tenido la gran suerte de ser escogida, para ser su esposa, por el campesino más rico y protegido por el señor del pueblo,
Desde que las campanas habían tocado la hora Nona había estado inquieta y esperaba anhelante el toque a Vísperas para salir. Por fin el sol se escondía y ella había podido escabullirse.
Llegó ante la casa, de madera y adobe, muy parecida a la suya aunque algo más grande, con miedo llamó a la puerta.
Desde dentro la voz de un anciano le respondió dándole permiso para entrar.
-¿Cómo te has atrevido a venir a estar horas tú sola? ¿Lo saben tus padres que estás aquí?
-No, pero necesitaba preguntarle. Ya sabe. Mañana me caso.
-Si, bien que lo sé ¿y para qué me quieres? Yo no soy el cura.
-Señor Sancho, usted es un sabio, usted me puede decir qué tiempo hará mañana.
El hombre se río de las palabras de la joven.
-No soy sabio Juana, soy viejo, tengo setenta años y no he salido nunca de este lugar, por eso sé tanto del tiempo, porque he observado mucho.
-En el pueblo dicen que usted es poco menos que un brujo porque siempre adivina si va a llover o no, si nevará, o si hará viento…
-Son unos ignorantes supersticiosos, aún no sé cómo no me han quemado ya. Les debo dar miedo.
-Le necesitan.
-Porque no saben mirar al cielo.
-No me haga sufrir más. Dígame ¿Lloverá mañana?
-¿Tú qué quieres?
-Lo he previsto todo señor Sancho, mañana es luna llena y estamos en junio, es el mejor momento para casarse, mi primer hijo podrá nacer en primavera, sólo me falta saber si lloverá o no.
El viejo se miró a la muchacha con dulzura. Para ella era un milagro aquella boda, iba a poder salir de la miseria. No importaba que él fuera quince años mayor ni que la hubiese escogido por su naturaleza sana y porque estaba acostumbrada a trabajar duramente. Cabía la posibilidad de que ella no pariera muchos hijos, pero eso no le importaba, su primera mujer ya le dio cinco.
-¿Sabes? Soy viejo y ya no puedo trabajar el huerto pero sí que me queda vista para mirar arriba y hoy he pensado en ti. Este no ha sido un año de lluvias, con la falta que nos hacen, mañana no lloverá, no porque tú le hayas rezado a Santa clara como te ha dicho tu madre, sino porque no hay nubes ni habrá durante unos días. ¿Has visto la puesta de sol?
-Cuando venía.
-Te habrás fijado que el cielo no estaba muy rojo. Mañana no hará viento. Tendrás un cielo limpio y podrás casarte bajo la luna llena, eso ya te dará la tranquilidad que buscas.
-¿Y tendré muchos hijos?
-No necesitas lluvia ni lunas llenas ni nada de eso, Juana, tendrás hijos, Ramiro es fértil y seguramente tú también.
-¿Y si me pasa como a mi madre?
-No serán las nubes las que te impidan tener descendencia. Anda, vuelve a tu casa y duerme tranquila. Mañana será un gran día. Lucirá el sol y lucirá la luna. Cásate en paz y procura ser feliz. Quiere a tu marido y a sus hijos y a los tuyos propios enséñales a leer y un oficio. Les hará falta en el futuro.
-¿Por qué me dice esas cosas señor Sancho?
-Porque igual que Dios me ha dado tiempo para observar los cielos también he podido fijarme en los hombres. Anda, vete a tu casa.
-Gracias señor Sancho.
La muchacha se acercó al viejo y le besó en la mejilla. Estaba agradecida. Era un hombre raro pero aunque no le entendía del todo sabía que no era un brujo, para ella era más un sabio.
-Le haré caso. Enseñaré a mis hijos a leer.
-Y un oficio, acuérdate.
-Así será.
-Vete en paz.
Corrió de vuelta. Por suerte para ella sus padres no habían notado su ausencia y pudo meterse en la cama sin dar ninguna explicación sobre lo que había hecho.
A los Maitines se quedaba dormida.
El resplandor de la casi luna llena entraba por la ventana e iluminaba su rojo vestido de novia, heredado de su madre y ésta de la suya.

1 comentari:

Natalia ha dit...

Quina gràcia, jo també he coincidit en el tema, però el teu texte es molt més original