dilluns, 29 de desembre del 2008

El exilio de Manuel


Manuel, o el gallego como solían llamarles los chicos del barrio, era un viejo buenísimo, vendía cucuruchos de maní, cerca del laguito del parque independencia. Tenía una pierna rígida y muy molesta, especialmente los días de lluvia. Según nos contó, fue una herida que sufrió en la guerra civil española.

Cuando contaba las historias de aquella guerra, como un ritual, se quitaba la boina, como dejando libres los recuerdos más caros de su vida, y especialmente de su juventud.

CAMINAD SIEMPRE ERGUIDOS, CON ORGULLO, LA MIRADA AL FRENTE.

Era su latiguillo de batalla, como si hablara con sus hijos. Todos lo eramos en aquel momento.

Un domingo de Mayo lo vimos aparecer desde el horizonte, rodeados de sombras frías, aletargadas, parecía que escapaba de algo, de alguien, de si mismo. El pecho abierto de la camisa, la chaqueta sucia por el polvo y un paso esquivo, le hacían compañía. Apenas se sostenía con el bastón de caña que llevaba a todas partes. Pudo llegar al banco y sentarse a duras penas, el olor rancio que destilaba, se apropió del lugar, mostrando una cara desconocida para nosotros.

Habló en una lengua extraña, luego supimos que falaba galego , lanzando insultos con voz quebrada y ronca que nacían desde el fondo del abismo. Abrió su camisa a la altura del pecho y hundió sus dedos, como intentando llegar al corazón y así poner fin a tantos años de soledad.

Pará gallego, tranquilizate, le decíamos. No había caso , sus monstruos le hicieron la visita aquel día, y no paraba de golpearse furioso, descontrolado.

Nos asustamos impotentes al ver aquella escena imposible. Instintivamente nos abrazamos a Manuel, rompiendo en llanto sin saber porque.

Se tranquilizó por fin, sus manos cuarteadas fueron directamente a las gafas empañadas, y se le oyó decir.

Carmiña... Carmiña... Decía en voz baja , una y otra vez.

Era su esposa que no pudo escapar con él de la guerra, debido a su avanzado estado de gestación. Carmiña era una maestra republicana de aquel pueblo gallego, amaba la libertad, creía en la educación, en los valores de del conocimiento intelectual, no en la religión, como era obligado pensar para algunos en aquel momento de la historia.

La llegada al pueblo de los falangistas, solo trajo dolor y muerte, abrió las heridas más `profundas en aquel pequeño pueblito de campesinos.

Separaban a la gente de manera especial. Conmigo o contra mí, no había matices discutibles.

A Carmiña le raparon el pelo y le pusieron el titulo de roja, nadie le podía dar trabajo, ni comida, ya que se exponía a juicios rápidos de dudosa claridad. Intentó llevar adelante aquella vida la que llevaba en sus entrañas sufrió tanto que no soportó ver la mirada esquiva de aquellos, a los que enseñó a ver desde otro punto de vista, a pensar diferente, a razonar, a no quedarse con una única versión de las cosas. Eso era muy peligroso para la gente de la falange, que la perseguía noche y día.

Un primero de junio, Carmiña tomó la decisión más dura de su vida.

Sus pasos se enfilaron a un barranco que daba al Atlántico, cerca del lugar que vio partir a Manuel hacia América, acarició su vientre, pidió perdón en voz alta, abrió sus brazos y voló....

Luego de contarnos aquella historia,el gallego se quedó en silencio.

La tarde fue cayendo estrepitosa y fría para Manuel. Una lágrima furiosa quemaba el borde rojizo de sus ojos. Una vez más, rascó su cabeza calva y se fue muriendo en la soledad de su exilio.


HUGO PEREZ

Diciembre 2008

dimarts, 16 de desembre del 2008

Me vais a perdonar que utilice el blog como correo pero no me encuentro bien y no puedo asistir al taller.
Os deseo unas felices fiestas a todos y ya nos veremos el próximo trimestre.
Saludos,
Amparo

Historia de Rosalia Lilian Artega y José Huarte López

Las 5 de la mañana, tengo que levantarme ya, ummmm que bien se está entre las mantas, pero ánimo Rosalia, empieza de nuevo el día.

Somnolienta, estirándose, se dirige al water, allí enciende el agua caliente de la ducha, su casa no tiene bañera, y espera a que el vapor se condense y temple el pequeño habitáculo, mientras prepara la cafetera y la pone al fuego. De nuevo en el lavabo, contempla su cara en el espejo: -buenos días, que guapa estás, y eso que tienes los ojitos cerrados- se dice a sí misma. Se mete debajo del agua que se desliza suavemente por su cuerpo desnudo, calentando por dentro y por fuera, la espuma del jabón acaricia la piel cual tierno y dulce amante, finalmente se seca, la toalla rasca, pero eso la ayuda a terminar de despertar, mientras oye el silbido de la cafetera que anuncia que ya acabó su trabajo, apaga el fuego y antes de ponerse un café, se dirige a la habitación de sus hijos, les besa suavemente para que no se despierten.

-Buenos días mama, es mi hijo mayor.

-Perdona cariño, no quería despertarte.

-No te preocupes, he sentido la cafetera.

-Duerme, aún te quedan un par de horas

-Vale

Tiene 18 años, es el primero de mis hijos, el fruto de una noche, no de placer, a mis 16 años. Después me casé con un buen hombre, y nació mi segundo, que ahora tiene 15 , sus padres no coinciden, y mi tercero, la niña tiene 5 , casi me había olvidado que podía tener hijos. Mi marido se mató, literalmente hablando, a trabajar apenas nació nuestra princesa, y desde entonces el papel de padre lo ocupa mi mayor.

Yo tengo trabajo, que ya es decir, con un horario de mierda, de 7 a 11 de la mañana y de 7 a 11 de la noche, pero gracias a esto puedo limpiar de 12 a 2 en alguna casa de la zona, vengo a comer y después charlo un poco con mis hijos hasta que van al cole. Pueden estudiar gracias a la muerte de su padre, el dinero que nos dieron por el accidente ha servido para su formación, lo estoy utilizando como agua en el desierto, poco a poco.

Limpio en una residencia para personas mayores, en tren me cuesta llegar unos 45 minutos. Antes de llegar tengo mis terapias de relajación y mi sesión de autoestima, mientras vamos de camino, procuro decirme cosas bonitas, el trato con la gente que está allí es difícil, resentidos con el mundo, con sus familias, con ellos mismo, no encuentran nada a su alrededor que les motive para vivir, el peor José Huarte, es el primero que tengo que levantar para limpiar su habitación, que no comparte habitualmente con nadie, por que no lo soportan. No me habla, me ruge, a veces siento que me insulta, tardo más de media hora en terminar su habitación, pero me da pena, me gustaría encontrar algún punto de encuentro para poder hablarnos, pero hasta ahora ha sido imposible. No se por que está ingresado, algo de una enfermedad, sus hijos no han querido tenerle en casa, pero sólo tiene 56 años.

-Buenos días Don José.

-… Ya está esta aquí, hoy se ha retrasado diez minutos, seguro que luego se va diez minutos antes, siempre viene con su voz cantarina, si cree que la voy a responder puede seguir esperando, yo no me trato con gente como ella.

-Don José, tendría que pensar en levantarse, le dejaría limpio el cuarto, mientras... se ducha, se viste y podrá desayunar bien guapo, que está Vd. hecho un buen mozo.

-… estúpida, pelota, yo un buen mozo, por eso estoy aquí con todos estos que no se aguantan los pedos, porque soy un buen mozo, te vas a joder, no pienso salir de la cama, tendrás que insistir bastante más

- ¿Qué tal ha dormido hoy? ¿Bien? ¿Han venido a molestarle de noche?

Tiene pinta de haber dormido mucho, tiene los ojos de dormir.

-… ¿Los ojos de dormir? No he pegado ojo, ¡que sabrá ésta¡

- Don José, tengo que empezar a limpiar, ya he recogido todo lo que tenía por aquí, si no me iré…

-… No, no te vayas, espera un poco más, faltan diez minutos para la media hora, y luego me levanto, la única persona que me saluda al día eres tú..., te odio y te necesito. No te importa que no te dirija la palabra, insistes, insistes con ternura con un hombre resentido y triste como yo. Jamás has recibido una frase amable, mejor dicho ni una frase de ningún tipo, pero a ti no parece importarte, cada día me saludas con la misma sensación de que te importo. Me da miedo descubrir que no es verdad. Tengo dos hijos, y pensaba que yo era importante para ellos, pero cuando descubrieron que iba a necesitar cuidados especiales, decidieron que no tenían tiempo, su familia…, su trabajo…, al principio venían una vez a la semana, pero a mi se me ha ido agriando el carácter, pasaron a hacerlo una vez al mes, y ahora ya ha pasado un año, y recibo de vez en cuando una llamada, así que Rosalía esta media hora que me dedicas, que me hablas.., es el oasis de mi penosa vida.

- Bien Don José, ve como no le cuesta nada levantarse, mientras va al baño, le dejare esto como los chorros del oro, y le traeré una rosa del jardín...,huelen maravillosamente.

-… no, no vayas a ningún sitio, sigue hablándome, aunque te oiga de lejos...

La puerta de la habitación se cierra al mismo tiempo que la puerta del lavabo, se siente el agua caer, Rosalía corta una rosa, y se dice: ¡Qué raro! me ha parecido que me sonreía…

De regreso, ambos se encuentran en el espacio de la cama y la puerta

- ¡Qué guapo se ha puesto! Mire también le traigo el desayuno, hoy le han puesto un pastelito y zumo de naranja, tiene una pinta buenísima. Le pongo la silla.

-… He rozado tu mano, tienes una piel suave, y eso que está un poco roja por el frío, ¡Cuánto me gustaría decírtelo! Pero no me salen las palabras.

- Bueno, me voy, mañana nos vemos, ¡pórtese bien!

- Hasta mañana y ven pronto

- Don José, hoy me ha alegrado el día, mañana vendré un poco antes.

dilluns, 15 de desembre del 2008

LA ENFERMERA Y EL VIEJO

La enfermera y el viejo


-Vamos venga a levantarse señores, que tengo mucho trabajo para hoy.

La enfermera comenzó su rutina, la medicación a la hora , recoger las sábanas, etc.

los miércoles tocaba ducha, y ese día era miércoles.

-Abuelo que pasa,¿ se siente bien?. A ver veamos que dice su reporte.

-Ha.. veo que ha llegado esta madrugada al hospital, y aquí dice que a usted lo trajeron desde el aeropuerto procedente de un vuelo desde los Estado Unidos de Norte América,¿ pero que le pasó ? ¿ se descompuso, se mareó ?.Aquí no figura su nombre, ¿como se llama usted ?

-Espere un momento señorita, que aún estoy algo aturdido.

   Si es verdad, yo vivía en América pero no creo que vuelva nunca más allí.

Contestó el abuelo , con voz algo destemplada.

-No diga eso abuelo,lo único que no tiene remedio es la muerte y no es su caso ¿verdad ? Tenemos que avisar a su familia, entonces venga cuénteme.

-Primero dígame el diagnostico señorita, y accederé con mucho gusto.

-Aquí dice que sufre de alienación social consumista.

Por un momento se produjo un silencio gélido.

-Es verdad que quiere que le cuente, que me pasé la vida dando y dando hasta el      último momento y aún así hay gente que esta desconforme conmigo.

Comenzó diciendo el anciano.

- Me presentaba a todos los lugares que me solicitaban, animé fiestas, me hice fotos con todo aquel que lo deseara. He repartido con mi propio vehículo, a pesar de que ello me trajera cierto  inconveniente de fatiga, y algún que otro problema legal con los grandes transportistas. Creo haber echo todo lo posible y lo imposible por esta sociedad que no para de pedir, más de esto, más de lo otro, más más y más...Al final Marx tendrá razón con su teoría.

El anciano, robusto, de vientre prominente, de cara redonda mofletes sonrojados, parecía más tranquilo, luego de hablar con la enfermera, se sentía algo aliviado de aquel peso que lo perseguía.

La enfermera que seguía con la carpeta en la mano, y apelando a la psicología le dijo con dulzura, al tierno anciano con cara de bonachón.

-Está bien, hagamos una cosa, primero me dará su nombre, y luego le arreglaré un poco esa barba, Y se da el baño ¿que le parece ?

-Mi barba no, la dejaremos así de momento, me prepararé las cosas del baño y voy enseguida.

Efectivamente el abuelo se levantó, preparó sus cosas y marcho para la ducha un poco más aliviado. Al regresar fue directo al armario y sacó una ridícula ropa roja

-Ha.. me olvidaba, en la casilla de mi nombre puede poner Noél, papá Noél.


HUGO PEREZ

15/12/08

dimarts, 9 de desembre del 2008

Stra di Varius



Voy a contaros una historia de primera mano, estaba allí. Os presento a Stra di Varius, de los Varius de Cremona, un pueblecito situado en el Norte de Italia, campestre, con vacas que pastan en sus prados, que se cuenta cosas cuando descansan del sol, debajo de un árbol frondoso que hay en mitad de la campiña. Otro día os contaré sus chismes, son de lo más interesante, pero hoy no viene al caso.

Stra era raro ya desde niño, no hablaba apenas, bueno en realidad estoy faltando a la verdad, cuando quería articular palabras le salían notas musicales. En el pueblo había quien decía que era extraterrestre, pero su madre Sonora, decía que había nacido como todos, por abajo. Ahora -añadía- cuando la comadrona le dio la palmada en el culo, no lloró como los demás niños, tarareo una sinfonía.

Solía hacer campana, no iba a clase, se aburría, la voz de la profesora era monótona y triste, prefería echarse boca abajo a la orilla del río, con las manos debajo de la barbilla sentía tintinear, reír, llorar, cantar el agua que corría vertiginosa, acariciando las piedras del fondo y jugando con las más pequeñas. Escuchando aquella música se pasaba las horas de la mañana y a veces las tardes.

Uno de estos días, se dio cuenta de que la raíz del árbol que se bañaba en el cauce, le hablaba, un hilo de pescar se había enganchado entre sus brotes ¡Escucha! -le decía- la corriente del agua hace vibrar el sedal. Una melodía nueva, profunda, llenaba el aire.

Los días se sucedían, incluso los años, el niño y el árbol se mantenían fieles a su cita, y crecieron, las ramas extendieron su poder hacia el cielo y la raíz se pluralizó, cogió formas de mujer y como por arte de magia el sedal se multiplicó, la sintonía era un concierto y contaron a Stra como podría hacer su trabajo, el resultado ya lo conoces el violín que nunca, nadie pudo repetir.

Y hasta aquí lo que sé, lo demás me lo contaron los rumores. ¡Ah! ¿Qué queréis saber quién soy yo? No se lo digáis a nadie..., el árbol.


Foto: No es Italia, es el Ebro a su paso por Miravet




SAÚL EL HEBREO

NARRACIÓN EN TERCERA PERSONA.

SAÚL EL HEBREO

Apenas despuntó el sol, Saúl el hebreo se paró frente a la ciudad y clavó los ojos en la muralla que la rodea Se le adivinaba una expresión de odio o de derrota en su cara pálida y huesuda. La silueta al principio borrosa caminaba desde el horizonte arrastrando la capa oscura por el polvo, clamaba en una lengua incomprensible, aullando palabras que sonaban como juramentos decapitados, quizá el tono vencido expresaba la inutilidad de tantos esfuerzos. Los centinelas lo vigilaban desde la torre con un secreto sentimiento de horror.
El cielo estaba claro aquel día, diáfano,una ligera tramuntana acercaba el intenso olor a mar que venia desde la costa, luego de horas de espera delante del portal de entrada a la ciudad, Saúl se mantenía en pie, altivo, mirando ese mismo sol que tantas veces vio salir, saco un pañuelo y secó su rostro húmedo en transpiración, rascó su barba rojiza como hacia de costumbre cuando estaba nervioso.
Barcelona en esos momentos era una imagen caleidoscópica. Había sido una aldea llana, un pueblo con casas de madera y tejado de piedra. Había poseído alternadamente templos, palacios, y fortalezas. Ella sola era todas las ciudades concebidas y soñadas y albergaba todas las depravaciones, bondades y delirios. La ciudad esta convulsionada por las noticias que llegan desde Aragón, los reyes católicos se decidieron construir el ejercito más poderoso que se podía en aquel momento. La consigna era clara, conquistar el sur de la península expulsando a los Árabes cueste lo que cueste. Tenían tanto poder que no reparaban en las formas.
A pesar de la reputación de la que gozaba Saúl, especialmente en los medios económicos, le abrían advertido de los cambios que se están promoviendo, no era nada fácil para aquel hombre que cargaba sobre su espalda toda una historia de mudanzas y persecuciones, intentando siempre ser parte del paisaje, aunque el destino parece ensañarse con él y jugarle una mala pasada. Hoy nuevamente espera noticias, y no de las buenas.
La noche anterior durante la cena, habló con su esposa de lo que estaba sucediendo, esa conversación extrañó mucho a Lia porque él nunca solía comentar nada de sus operaciones, y le tenía dicho que si algo le pasara, se fijase en el libro de anotaciones y hable con su primo de Girona que él sabría que hacer. Pero esta vez era distinto, demasiado peso para soportarlo solo,nunca había llorado hasta aquella noche de primavera.
El ruido del galope de los caballos, se hacia cada vez más intenso, Saúl aguardaba impaciente bajo el sol, un centinela dio el aviso y se abrieron las pesadas puertas de madera. El grupo de soldados entró al galope y se paró delante de él , envueltos en una nube de polvo, iban armados de manera extraordinaria, impresionaba ver aquellos hombres rudos ostentando en el pecho una especie de túnica con una cruz grabada en el medio.
El capitán bajó rápidamente de su caballo alazán brioso y excitado por el viaje, tomó en sus manos un pergamino con el sello real y se dirigió a Saúl . Este escuchó con atención las palabras de aquel soldado, una por una resonaban en su interior, no había apelación posible su destino estaba marcado le quitarían un cuarto de su fortuna y le permitirían marchar con su familia fuera del condado, como último recurso, lo dejarían quedarse si previamente él y su familia se convertían al catolicismo.
No había duda, se cumplía los más oscuros presagios, habrían de marchar hacia un nuevo hogar , dejando algo más que parte de su fortuna, dejando parte de su vida el lugar donde nació su hija Raquel, la casa que él mismo diseñó y de la que estaba tan orgulloso.
Todo pasaba tan de prisa por su cabeza, girando y girando a su alrededor , no aguantó y se desplomó cayendo de rodillas con el papel arrugado en su mano, clamando al cielo.
“Me quitad la vida, me quitad los medios, he soportado la ofensa de aquello que me ofende y aún así me pagad con esto”. Fueron las últimas palabras del hebreo aquel día.
El relinchar de los caballos anunciaba la retirada de los soldados fuera de la fortaleza, un horizonte de perros les daban la despedida.
Saúl se levantó a duras penas intentando reaccionar de aquel duro golpe,llevaba en su mano derecha el decreto que apretaba con rabia, y en la otra acariciaba la estrella de David que colgaba de su cuello, y se marchó lentamente.
Danzaban golondrinas viajeras en el aire y un cielo tan claro se cubrió de grises.

HUGO PEREZ
01/12/08

dijous, 4 de desembre del 2008

Carta a Papá Noel

La agente 6357 se puso de cuclillas delante del niño que desde el asiento la miraba con ojos llorosos y tristes.
La mujer no pudo evitar sentir una pena dulce por aquella criatura que a pesar del miedo lo miraba todo con asombro y curiosidad.
Sentado a la mesa el agente 4859 intentaba hacer un informe
-Pregúntale si sabe cómo se llama, ganaríamos mucho tiempo si pudiéramos saber el nombre y no te digo nada si sabe dónde vive.
-Déjame que yo lo voy a adivinar – sonreía – te llamas Jordi.
El niño negó con la cabeza
-A ver… Alex ¿Tampoco? A ver a ver…
Con disimulo giró levemente la carta que con fuerza llevaba cogida el niño en su manita. Era un sobre grande para la menuda mano que lo sujetaba.
-Javi, te llamas Javi ¿a qué sí?
El niño abrió mucho sus marrones ojos y afirmó con la cabeza.
-Qué carta más bonita ¿me la dejas ver?
Javi negó con la cabeza.
-¿No me la dejas? Es preciosa ¿Quién ha hecho esos dibujos tan bonitos?
Con voz débil el niño contestó
-Yo.
-¿Tú? ¡Caramba! Están muy bien. Dibujas como un chico mayor y ¿Para quién es?
-Es mía.
-¿Y a quien se la envías?
-A papá Noel.
-¡A Papá Noel! ¡Qué bien! Se va a poner muy contento porque es una carta preciosa, a ver…si, ¡mira Andréu! - llamó la atención de su compañero que esperaba resignado que le dieran algún dato - Javi Fernández que vive en la calle Perelada 16 tiene esta carta tan bonita para Papá Noel.
El agente inmediatamente comenzó a teclear en su ordenador y al poco ya estaba en marcha para intentar localizar a los padres del niño perdido, uno más, en aquella tarde de cabalgata.
El 4859 estaba cansado de hacer ese tipo de trabajo porque no se le permitía después decir a los padres lo que él pensaba sobre el descuido y ligereza con que se atrevían a sacar a sus hijos a la calle y dejarles sueltos en una aglomeración así. Suerte habían tenido que el niño lo encontró un alma bendita que lo había llevado a la comisaría, sino, a estas horas a saber dónde podría estar aquel angelito, tan guapo y tan valiente que le recordaba a sus propios hijos cuando tuvieron esa edad.
-Ya estamos intentando localizar a la familia. Distráelo.
-¿Sabes lo que vamos a hacer? Vamos a dibujar un ratito mientras vienen tus papás a buscarte ¿Te gusta pintar?
Javi asintió con la cabeza.
La agente acercó más al niño a la mesa y le puso delante varios folios y rotuladores.
Javi ante aquella tentación no pudo resistirse, dejó su carta en la mesa y cogió con ansiedad un rotulador rojo y comenzó a trazar líneas que se convertían en montañas, un sol y unos árboles.
-Qué bonito Javi, es un paisaje precioso ¿por qué no dibujas a tu familia?
El niño obediente comenzó a dibujar monigotes que representaban el más grande a su papá, el siguiente su mamá, lo que podría ser el hermano y un animalito.
-Éste es tu papá, ésta tu mamá, tu hermano mayor y éste es el perro ¿a qué sí?
Javi asintió con la cabeza.
-¿Y qué le has pedido a Papá Noel?
-Cosas.
-Una bicicleta-
-No.
-¿No? Ya lo sé, un tren, o el barco pirata.
-No.
-¿Tampoco?
-Como se nota que no tienes hijos – apostilló su compañero que escuchaba la conversación.
-A ver, adivina tú, que sí eres padre.
-Ha pedido un coche para su papá, un robot de cocina para su mamá, una moto para su hermano y para él un patinete.
Javi se reía con ganas mientras negaba con la cabeza.
-Los críos de hoy en día son muy raros, seguro que ha pedido una maquineja para jugar.
-Es muy pequeño para eso, hombre.
En aquel momento hacían irrupción en el despacho unos padres nerviosos y acalorados que corrieron hacía la silla donde se encontraba el niño. La madre lo tomó en brazos y comenzó a besarlo desesperadamente consiguiendo que comenzase a llorar asustado.
-No llores mi vida ya está aquí mamá y papá.
El padre se deshacía en dar las gracias a los dos agentes, no sabía cuantas manos apretar o si podía abrazarles.
-¿La persona que lo ha traído está aquí? – Preguntó– Querríamos darle las gracias.
-No, marchó enseguida.
Salieron los tres, el niño en brazos del padre, la madre aún secándose las lágrimas.
-¡Padres! – rezongó el agente.
-Ay, se ha dejado la carta, voy a ver si les encuentro.
Al rato volvía la mujer carta en mano.
-No les he visto. Pobre crío, se ha quedado sin su carta. La guardaré por si vienen a buscarla.
-Ya la puedes tirar, escribirá otra.
Pasaron dos días. La agente 6357 reparó en la carta a Papá Noel todavía en la cubeta. No la habían reclamado. La cogió y se sentó. La estuvo mirando con interés, no tenía hijos ni pensaba tenerlos, no se veía haciendo de madre pero aquel sobre le llenaba de ternura. Sin pensarlo mucho abrió la carta, tenía curiosidad por saber qué pedía el niño, era demasiado pequeño, seguramente se la habrían escrito sus padres como el sobre, pero vio con sorpresa que no. En letra de palo bastante legible estaba lo que el niño pedía a papá Noel.
La agente 6357 sonrió y cerró los ojos, quería evitar que su compañero pudiera ver en ellos las tenues lágrimas de emoción que la lectura le había provocado.

dilluns, 1 de desembre del 2008

Anunciat per televisió

- Ets la seguent menuda, vine cap aquí
La nena es va apropar al Pare Noel, que estava arrapapat en un vistós tron de vellut vermell adornat amb garlandes daurades, amb una mescla de timidesa i admiració.
- Hola bonica, t’has portat bé aquest any?
- Si – va contestar amb un fil de veu
- Molt bé, ets una bona nena. Que vols que et porti aquest Nadal?
- Doncs … vull la disfressa de la Sirenita – va començar per demanar encara recèlosa - la bicicleta de la Barbie, la guitarra de la Hanna Montana, les que surten per la tele!
Ja havía perdut la por i estava animada per dir-li la llista sencera de tot el que volía.
- …el zoo dels Lunnis… ah! i l’hospital dels Barriguitas, que també surt per la tele, eh!
- Molt bé preciosa. El meu ajudant et donará un regalet per haver vingut a veure’m
- Però…surt per la tele?