dijous, 4 de desembre del 2008

Carta a Papá Noel

La agente 6357 se puso de cuclillas delante del niño que desde el asiento la miraba con ojos llorosos y tristes.
La mujer no pudo evitar sentir una pena dulce por aquella criatura que a pesar del miedo lo miraba todo con asombro y curiosidad.
Sentado a la mesa el agente 4859 intentaba hacer un informe
-Pregúntale si sabe cómo se llama, ganaríamos mucho tiempo si pudiéramos saber el nombre y no te digo nada si sabe dónde vive.
-Déjame que yo lo voy a adivinar – sonreía – te llamas Jordi.
El niño negó con la cabeza
-A ver… Alex ¿Tampoco? A ver a ver…
Con disimulo giró levemente la carta que con fuerza llevaba cogida el niño en su manita. Era un sobre grande para la menuda mano que lo sujetaba.
-Javi, te llamas Javi ¿a qué sí?
El niño abrió mucho sus marrones ojos y afirmó con la cabeza.
-Qué carta más bonita ¿me la dejas ver?
Javi negó con la cabeza.
-¿No me la dejas? Es preciosa ¿Quién ha hecho esos dibujos tan bonitos?
Con voz débil el niño contestó
-Yo.
-¿Tú? ¡Caramba! Están muy bien. Dibujas como un chico mayor y ¿Para quién es?
-Es mía.
-¿Y a quien se la envías?
-A papá Noel.
-¡A Papá Noel! ¡Qué bien! Se va a poner muy contento porque es una carta preciosa, a ver…si, ¡mira Andréu! - llamó la atención de su compañero que esperaba resignado que le dieran algún dato - Javi Fernández que vive en la calle Perelada 16 tiene esta carta tan bonita para Papá Noel.
El agente inmediatamente comenzó a teclear en su ordenador y al poco ya estaba en marcha para intentar localizar a los padres del niño perdido, uno más, en aquella tarde de cabalgata.
El 4859 estaba cansado de hacer ese tipo de trabajo porque no se le permitía después decir a los padres lo que él pensaba sobre el descuido y ligereza con que se atrevían a sacar a sus hijos a la calle y dejarles sueltos en una aglomeración así. Suerte habían tenido que el niño lo encontró un alma bendita que lo había llevado a la comisaría, sino, a estas horas a saber dónde podría estar aquel angelito, tan guapo y tan valiente que le recordaba a sus propios hijos cuando tuvieron esa edad.
-Ya estamos intentando localizar a la familia. Distráelo.
-¿Sabes lo que vamos a hacer? Vamos a dibujar un ratito mientras vienen tus papás a buscarte ¿Te gusta pintar?
Javi asintió con la cabeza.
La agente acercó más al niño a la mesa y le puso delante varios folios y rotuladores.
Javi ante aquella tentación no pudo resistirse, dejó su carta en la mesa y cogió con ansiedad un rotulador rojo y comenzó a trazar líneas que se convertían en montañas, un sol y unos árboles.
-Qué bonito Javi, es un paisaje precioso ¿por qué no dibujas a tu familia?
El niño obediente comenzó a dibujar monigotes que representaban el más grande a su papá, el siguiente su mamá, lo que podría ser el hermano y un animalito.
-Éste es tu papá, ésta tu mamá, tu hermano mayor y éste es el perro ¿a qué sí?
Javi asintió con la cabeza.
-¿Y qué le has pedido a Papá Noel?
-Cosas.
-Una bicicleta-
-No.
-¿No? Ya lo sé, un tren, o el barco pirata.
-No.
-¿Tampoco?
-Como se nota que no tienes hijos – apostilló su compañero que escuchaba la conversación.
-A ver, adivina tú, que sí eres padre.
-Ha pedido un coche para su papá, un robot de cocina para su mamá, una moto para su hermano y para él un patinete.
Javi se reía con ganas mientras negaba con la cabeza.
-Los críos de hoy en día son muy raros, seguro que ha pedido una maquineja para jugar.
-Es muy pequeño para eso, hombre.
En aquel momento hacían irrupción en el despacho unos padres nerviosos y acalorados que corrieron hacía la silla donde se encontraba el niño. La madre lo tomó en brazos y comenzó a besarlo desesperadamente consiguiendo que comenzase a llorar asustado.
-No llores mi vida ya está aquí mamá y papá.
El padre se deshacía en dar las gracias a los dos agentes, no sabía cuantas manos apretar o si podía abrazarles.
-¿La persona que lo ha traído está aquí? – Preguntó– Querríamos darle las gracias.
-No, marchó enseguida.
Salieron los tres, el niño en brazos del padre, la madre aún secándose las lágrimas.
-¡Padres! – rezongó el agente.
-Ay, se ha dejado la carta, voy a ver si les encuentro.
Al rato volvía la mujer carta en mano.
-No les he visto. Pobre crío, se ha quedado sin su carta. La guardaré por si vienen a buscarla.
-Ya la puedes tirar, escribirá otra.
Pasaron dos días. La agente 6357 reparó en la carta a Papá Noel todavía en la cubeta. No la habían reclamado. La cogió y se sentó. La estuvo mirando con interés, no tenía hijos ni pensaba tenerlos, no se veía haciendo de madre pero aquel sobre le llenaba de ternura. Sin pensarlo mucho abrió la carta, tenía curiosidad por saber qué pedía el niño, era demasiado pequeño, seguramente se la habrían escrito sus padres como el sobre, pero vio con sorpresa que no. En letra de palo bastante legible estaba lo que el niño pedía a papá Noel.
La agente 6357 sonrió y cerró los ojos, quería evitar que su compañero pudiera ver en ellos las tenues lágrimas de emoción que la lectura le había provocado.