dimarts, 16 de desembre del 2008

Historia de Rosalia Lilian Artega y José Huarte López

Las 5 de la mañana, tengo que levantarme ya, ummmm que bien se está entre las mantas, pero ánimo Rosalia, empieza de nuevo el día.

Somnolienta, estirándose, se dirige al water, allí enciende el agua caliente de la ducha, su casa no tiene bañera, y espera a que el vapor se condense y temple el pequeño habitáculo, mientras prepara la cafetera y la pone al fuego. De nuevo en el lavabo, contempla su cara en el espejo: -buenos días, que guapa estás, y eso que tienes los ojitos cerrados- se dice a sí misma. Se mete debajo del agua que se desliza suavemente por su cuerpo desnudo, calentando por dentro y por fuera, la espuma del jabón acaricia la piel cual tierno y dulce amante, finalmente se seca, la toalla rasca, pero eso la ayuda a terminar de despertar, mientras oye el silbido de la cafetera que anuncia que ya acabó su trabajo, apaga el fuego y antes de ponerse un café, se dirige a la habitación de sus hijos, les besa suavemente para que no se despierten.

-Buenos días mama, es mi hijo mayor.

-Perdona cariño, no quería despertarte.

-No te preocupes, he sentido la cafetera.

-Duerme, aún te quedan un par de horas

-Vale

Tiene 18 años, es el primero de mis hijos, el fruto de una noche, no de placer, a mis 16 años. Después me casé con un buen hombre, y nació mi segundo, que ahora tiene 15 , sus padres no coinciden, y mi tercero, la niña tiene 5 , casi me había olvidado que podía tener hijos. Mi marido se mató, literalmente hablando, a trabajar apenas nació nuestra princesa, y desde entonces el papel de padre lo ocupa mi mayor.

Yo tengo trabajo, que ya es decir, con un horario de mierda, de 7 a 11 de la mañana y de 7 a 11 de la noche, pero gracias a esto puedo limpiar de 12 a 2 en alguna casa de la zona, vengo a comer y después charlo un poco con mis hijos hasta que van al cole. Pueden estudiar gracias a la muerte de su padre, el dinero que nos dieron por el accidente ha servido para su formación, lo estoy utilizando como agua en el desierto, poco a poco.

Limpio en una residencia para personas mayores, en tren me cuesta llegar unos 45 minutos. Antes de llegar tengo mis terapias de relajación y mi sesión de autoestima, mientras vamos de camino, procuro decirme cosas bonitas, el trato con la gente que está allí es difícil, resentidos con el mundo, con sus familias, con ellos mismo, no encuentran nada a su alrededor que les motive para vivir, el peor José Huarte, es el primero que tengo que levantar para limpiar su habitación, que no comparte habitualmente con nadie, por que no lo soportan. No me habla, me ruge, a veces siento que me insulta, tardo más de media hora en terminar su habitación, pero me da pena, me gustaría encontrar algún punto de encuentro para poder hablarnos, pero hasta ahora ha sido imposible. No se por que está ingresado, algo de una enfermedad, sus hijos no han querido tenerle en casa, pero sólo tiene 56 años.

-Buenos días Don José.

-… Ya está esta aquí, hoy se ha retrasado diez minutos, seguro que luego se va diez minutos antes, siempre viene con su voz cantarina, si cree que la voy a responder puede seguir esperando, yo no me trato con gente como ella.

-Don José, tendría que pensar en levantarse, le dejaría limpio el cuarto, mientras... se ducha, se viste y podrá desayunar bien guapo, que está Vd. hecho un buen mozo.

-… estúpida, pelota, yo un buen mozo, por eso estoy aquí con todos estos que no se aguantan los pedos, porque soy un buen mozo, te vas a joder, no pienso salir de la cama, tendrás que insistir bastante más

- ¿Qué tal ha dormido hoy? ¿Bien? ¿Han venido a molestarle de noche?

Tiene pinta de haber dormido mucho, tiene los ojos de dormir.

-… ¿Los ojos de dormir? No he pegado ojo, ¡que sabrá ésta¡

- Don José, tengo que empezar a limpiar, ya he recogido todo lo que tenía por aquí, si no me iré…

-… No, no te vayas, espera un poco más, faltan diez minutos para la media hora, y luego me levanto, la única persona que me saluda al día eres tú..., te odio y te necesito. No te importa que no te dirija la palabra, insistes, insistes con ternura con un hombre resentido y triste como yo. Jamás has recibido una frase amable, mejor dicho ni una frase de ningún tipo, pero a ti no parece importarte, cada día me saludas con la misma sensación de que te importo. Me da miedo descubrir que no es verdad. Tengo dos hijos, y pensaba que yo era importante para ellos, pero cuando descubrieron que iba a necesitar cuidados especiales, decidieron que no tenían tiempo, su familia…, su trabajo…, al principio venían una vez a la semana, pero a mi se me ha ido agriando el carácter, pasaron a hacerlo una vez al mes, y ahora ya ha pasado un año, y recibo de vez en cuando una llamada, así que Rosalía esta media hora que me dedicas, que me hablas.., es el oasis de mi penosa vida.

- Bien Don José, ve como no le cuesta nada levantarse, mientras va al baño, le dejare esto como los chorros del oro, y le traeré una rosa del jardín...,huelen maravillosamente.

-… no, no vayas a ningún sitio, sigue hablándome, aunque te oiga de lejos...

La puerta de la habitación se cierra al mismo tiempo que la puerta del lavabo, se siente el agua caer, Rosalía corta una rosa, y se dice: ¡Qué raro! me ha parecido que me sonreía…

De regreso, ambos se encuentran en el espacio de la cama y la puerta

- ¡Qué guapo se ha puesto! Mire también le traigo el desayuno, hoy le han puesto un pastelito y zumo de naranja, tiene una pinta buenísima. Le pongo la silla.

-… He rozado tu mano, tienes una piel suave, y eso que está un poco roja por el frío, ¡Cuánto me gustaría decírtelo! Pero no me salen las palabras.

- Bueno, me voy, mañana nos vemos, ¡pórtese bien!

- Hasta mañana y ven pronto

- Don José, hoy me ha alegrado el día, mañana vendré un poco antes.

1 comentari:

Joan P ha dit...

o escribes en primera persona o en segunda... Fantástica! un beso