La enfermera y el viejo
-Vamos venga a levantarse señores, que tengo mucho trabajo para hoy.
La enfermera comenzó su rutina, la medicación a la hora , recoger las sábanas, etc.
los miércoles tocaba ducha, y ese día era miércoles.
-Abuelo que pasa,¿ se siente bien?. A ver veamos que dice su reporte.
-Ha.. veo que ha llegado esta madrugada al hospital, y aquí dice que a usted lo trajeron desde el aeropuerto procedente de un vuelo desde los Estado Unidos de Norte América,¿ pero que le pasó ? ¿ se descompuso, se mareó ?.Aquí no figura su nombre, ¿como se llama usted ?
-Espere un momento señorita, que aún estoy algo aturdido.
Si es verdad, yo vivía en América pero no creo que vuelva nunca más allí.
Contestó el abuelo , con voz algo destemplada.
-No diga eso abuelo,lo único que no tiene remedio es la muerte y no es su caso ¿verdad ? Tenemos que avisar a su familia, entonces venga cuénteme.
-Primero dígame el diagnostico señorita, y accederé con mucho gusto.
-Aquí dice que sufre de alienación social consumista.
Por un momento se produjo un silencio gélido.
-Es verdad que quiere que le cuente, que me pasé la vida dando y dando hasta el último momento y aún así hay gente que esta desconforme conmigo.
Comenzó diciendo el anciano.
- Me presentaba a todos los lugares que me solicitaban, animé fiestas, me hice fotos con todo aquel que lo deseara. He repartido con mi propio vehículo, a pesar de que ello me trajera cierto inconveniente de fatiga, y algún que otro problema legal con los grandes transportistas. Creo haber echo todo lo posible y lo imposible por esta sociedad que no para de pedir, más de esto, más de lo otro, más más y más...Al final Marx tendrá razón con su teoría.
El anciano, robusto, de vientre prominente, de cara redonda mofletes sonrojados, parecía más tranquilo, luego de hablar con la enfermera, se sentía algo aliviado de aquel peso que lo perseguía.
La enfermera que seguía con la carpeta en la mano, y apelando a la psicología le dijo con dulzura, al tierno anciano con cara de bonachón.
-Está bien, hagamos una cosa, primero me dará su nombre, y luego le arreglaré un poco esa barba, Y se da el baño ¿que le parece ?
-Mi barba no, la dejaremos así de momento, me prepararé las cosas del baño y voy enseguida.
Efectivamente el abuelo se levantó, preparó sus cosas y marcho para la ducha un poco más aliviado. Al regresar fue directo al armario y sacó una ridícula ropa roja
-Ha.. me olvidaba, en la casilla de mi nombre puede poner Noél, papá Noél.
HUGO PEREZ
15/12/08
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