dimecres, 25 de març del 2009

Paisaje de viernes noche

Soy una privilegiada. Mi turno de trabajo me lleva a estar encerrada en una cabina de tren cinco días a la semana. Por suerte, los viernes, al final del túnel no veo un andén de estación o las cocheras. Los viernes, al final del túnel lo que veo es la calle, ancha, iluminada, con tráfico, con personas caminando y cruzando la calzada, a las que no atropellaré si me las encuentro delante. Los bares son mis estaciones de fin de semana, voy entrando y saliendo y en cada uno bebo alcohol. Al principio estoy eufórica pero después, conforme van pasando los tragos por mi anhelante y seca garganta, me entra la inseguridad, no es el espacio abierto mi sitio, mi lugar son los túneles, la oscuridad, la soledad y el deseo de que pase algo que cambie mi rutina, que me haga salir del subterráneo en el que me encuentro. Siempre estoy esperando. Hasta hoy. Hoy, un compañero me ha pedido cambiarle el turno, hacer la noche del viernes, no he sabido negarme, quizás mi hígado lo estaba suplicando.
Al principio todo ha sido como siempre, parar, abrir puertas, cerrar puertas, una estación tras otra, una vuelta tras otra.
Unas horas más tarde casi no viajaba nadie. Llevaba a cuatro borrachos, dos negros, algún extranjero más y un vagabundo apestoso de orín.
Prefiero mi turno. Me deja menos tiempo para pensar.
Veo por el espejo que dos compañeros están en el andén, me saludan con la mano y vienen hacia mí.
-Hola colega ¿Todo bien?
-Si.
No les conozco pero me han hablado de las “brigadas de la noche”
-Estaremos por el tren, ya sabes.
-Vale – asiento con la cabeza.
La décima estación es la más solitaria, el vagabundo baja dando tumbos y tras él mis compañeros, les grita e insulta. Intenta pegarles con una bolsa de lona, mugrienta, que lleva en la mano pero ellos no se dejan. No sé si debo arrancar el tren, estoy dudando cuando uno de ellos me hace un gesto para que retrase la salida. Lo estoy viendo todo por el espejo. No siento nada especial, a veces estas cosas pasan, casi a diario.
Me indican que ya puedo marchar y arranco, con velocidad, y ellos aprovechan la fuerza del tren para golpear al vagabundo y empujarlo contra el vagón. El viejo sale despedido con fuerza y cae al suelo del andén. No veo más, el túnel hace un giro hacia la derecha.
A la siguiente vuelta me están esperando. Han escogido mi tren, me han elegido y no sé la razón.
-Hola colega ¿Todo bien?
-Si.
-Es una noche tranquila.
-Ya lo veo.
-Aunque nunca se sabe – ríen – a veces se anima cuando menos te lo esperas.
No sale en los diarios. Borrachos, vagabundos, drogados y extranjeros pagan sus miserias en escaleras, andenes y vías de metro.
Al acabar el turno mi amigo me dijo que él solía ir a la churrería y se tomaba un chocolate muy caliente con unos churritos. Hago lo mismo.
-¿Qué? ¿Ha ido bien la noche? – Me pregunta el churrero, amistoso.
-Si – le contesto con la boca llena.
-¿Unos buñuelitos para casa?
Caigo en la cuenta de que mi padre es diabético.
-No, bueno, unos pocos pero no les ponga azúcar.
Mi padre está despierto. No le gusta el turno de noche para mí.
-¿Cómo te ha ido?
-Supongo que normal.
-No vuelvas a trabajar los fines de semana.
-Tú siempre lo hacías, así estabas más tiempo con la familia.
-Me equivoqué. Además tú estás soltera.
-Papá.
-¿Qué?
-He pensado cambiar de trabajo. Antes me gustaba pero ahora….
-Pide pasar a oficinas.
-Estaba pensando en dejar la compañía.
-Es un trabajo seguro, hija.
-Está acabando con mi salud mental, papá.
Mi padre suspira dolido, me comprende pero teme que pierda un buen empleo.
-Todos aguantamos hija, mira yo, cuarenta años llevando trenes.
-¿Y no estabas harto?
-Te acostumbras.
-¿A todo?
-A todo hija, a todo.
-¿A que precio?
Mi padre nunca habla de su trabajo y me consta que cambió felicidad por seguridad.
-¿Tan mal lo has pasado esta noche?
-Supongo que igual que tú pero no quiero tener que acostumbrarme.

dimarts, 10 de març del 2009

La desaparición

El policía rebuscaba entre las ropas del muchacho mientras iba preguntando a los padres.
-¿Tienen alguna fotografía reciente?
-Si – contestó la madre con voz apagada – de ayer mismo
-Iría bien tener algunas copias. Ya le habrá dicho mi compañero que hasta que no pasen cuarenta y ocho horas no podemos darle por desaparecido pero este es un pueblo pequeño así que iremos haciendo alguna gestión, no se preocupen, es muy probable que aparezca él solo en cualquier momento, los chicos a veces hacen tonterías pero suelen arrepentirse.
-Mi hijo no es de esos, es muy formal y estaba muy contento por volver a casa.
-¿Sospechan de algo o de alguien?
-No, no se nos ocurre nada. No entendemos qué ha podido pasar.
-Si no es mucha molestia ¿podrían decirme cuando han notado la ausencia de su hijo?
-Nos hemos levantado a eso de las nueve, más o menos, hemos desayunado y mi mujer le ha dicho que subiera a su habitación y se hiciese la maleta, debíamos salir esta tarde hacia casa en el avión de las siete. Ha subido y ya no le hemos visto más, cuando hemos notado que no bajaba le hemos llamado varias veces y como no contestaba, mi mujer ha subido a la habitación y no estaba.
-¿Han notado si parecía triste o de mal humor?
-No, estaba como siempre. Es un niño alegre, muy de la broma.
¿Tiene móvil?
-Si, pero sólo se lo dejamos cuando sale, no se lo ha llevado, está en la mesita.
-¿Es este?
-Si.
-Me lo voy a quedar, miraremos las llamadas recibidas y hechas y los números de contacto.
-Ya lo hemos hecho nosotros, no hay nada raro.
-De todas formas lo miraremos. ¿Han buscado en la playa?
-Por todo el pueblo, nadie lo ha visto.
-¿Cómo es su hijo?
-Es alto, mide ya ciento ochenta centímetros, delgado, moreno, es guapo, llevaba unos tejanos y una camiseta azul oscuro, lisa, de manga corta. Zapatillas negras. No puede pasar desapercibido es un chico que se ve, se hace notar – la madre estaba a punto de ponerse a llorar.
-Ustedes no le han visto salir.
-No, es imposible que haya salido sin que le hayamos visto, este apartamento es muy pequeño y la puerta está en el comedor. Nosotros estábamos abajo y no nos hemos movido de allí.
-¿No es posible que uno de ustedes estuviera en la habitación y el otro en el baño o en la terraza? no sé, que hubieran salido del comedor en algún momento justo cuando él marchaba
-No, además hubiéramos oído la puerta.
-Si uno no quiere ser visto ni oído es posible conseguirlo.
-Mi hijo no se ha escapado.
-Señora, perdone, no quiero ofender pero a veces los padres son los últimos en enterarse de los problemas de los hijos.
-Le digo que mi hijo es un chico normal – apostilló el padre, rebelde.
-¿Saben si se droga?
-¡Claro que no!
-¿Cómo están tan seguros?
-Es nuestro hijo, lo sabemos.
El policía se acercó a la ventana y la estuvo mirando.
-Por aquí no parece haber saltado nadie, no hay marcas. O ha volado o ha salido por la puerta.
Los padres se desesperaban.
-Es imposible.
-¿Entonces cómo creen ustedes que ha podido desaparecer?
-No tiene explicación.
-La tiene, señora.
Volvió el agente a mirar por la habitación.
-¿Esa puerta es un armario?
-Si.
Lo abrió y miró en su interior. Estaba vacío, media docena de perchas solitarias se movieron ligeramente.
-¿Han mirado en el maletero del coche?
-No cabría.
-Entonces no han mirado.
-No, pero ya le digo que es prácticamente imposible, mi hijo juega al baloncesto, es alto y fornido a pesar de su edad. Además, ¿para qué iba a meterse en el maletero del coche?
-¡Pero si no ha salido de casa! – Decía la madre musitando.
-Señora, esa idea quítesela de la cabeza, su hijo ha tenido que salir. Paco – llamó con voz fuerte a su compañero – Mira alrededor de la casa a ver si hay pisadas o algo y mira en el coche, en el maletero también. ¿Está abierto? – preguntó al padre que negó con la cabeza – pues acompañe a mi compañero y mírenlo.
Bajó el hombre y se quedaron solos el policía y la madre.
-Señora, ahora no está su marido delante, puede decirme qué problemas tenía con su hijo.
La mujer se puso a llorar quedamente.
-No lo sé, de verdad que no lo sé. Es un niño tan bueno, en el colegio todo el mundo lo quiere, en el equipo de baloncesto también, es obediente, estudioso.
-Usted sabe algo que su marido y yo desconocemos.
-De verdad que no hay nada raro.
-¿Ha hecho amigos durante las vacaciones? ¿Salía con alguien? ¿Alguna chica?
-En la piscina se juntaba con un grupito de chicos y chicas pero les hemos preguntado y dicen que no le han visto desde ayer.
-Tendrá que decirme quienes son esos chicos para hablar con ellos. Los jóvenes confunden muy a menudo lo que es la lealtad en la amistad. Lo mismo le están protegiendo.
Rompió a llorar desconsoladamente la pobre mujer.
-Mi hijo no puede haber huido de nosotros. Le queremos muchísimo. Es nuestro niño.
El hombre suspiró y resopló.
-Señora, quizás su hijo se sentía demasiado protegido, demasiado llevado, no sé si me entiende, los chicos a estas edades quieren algo más de libertad, usted parece ser una madre muy…bueno, no dudo de que es usted una madre estupenda pero ellos no siempre lo ven así, quizás quiere darles un susto, hacerles entender algo.
-Mire, ya sé que lo mimo pero nunca se ha quejado, es nuestro único hijo y mi marido es como un amigo para él, van juntos a todos los partidos, están muy unidos.
-A lo mejor es ese el problema.
-Nunca ha demostrado que le molestase nuestro comportamiento. Siempre está alegre. y riendo.
-Pues hay algo o alguien que le ha hecho marcharse de casa.
-¿Y si ha sido contra su voluntad? Es un chico guapo ¿sabe? ¿Y si lo han raptado?
-No es muy corriente, si fuera una chica sería diferente pero no hay que descartar nada. Ahora lo principal es saber a qué hora ha salido de casa.
-Eso es lo que más me preocupa porque le juro que no se ha movido de su habitación.
De nuevo volvió a resoplar el policía.
-Abducido no creo que haya sido, señora.
-Usted no nos cree.
-Por la ventana no ha salido, sería un salto muy grande y habría dejado marca en el suelo. Si sabemos a que hora se fue podemos descartar algunos medios de transporte.
-Es que usted se empeña en que se ha ido voluntariamente y le aseguro que no es así.
-Entonces dígame que es lo que piensa. ¿Usted qué cree?
-Pensará que estoy loca.
-No creo que me sorprenda nada, señora. Soy de pueblo pero he visto de todos los colores.
-Han sido los extraterrestres.
Si no fuera por la gravedad del momento el agente se hubiera echado a reír.
-¿Cuáles?
-No sé, los que son capaces de hacer desaparecer a la gente, los que se los llevan a su nave a través de una luz.
-Como en las películas.
-¿Qué si no ha podido pasar?
-Mire, tengo fama de paciente pero no de idiota. Su hijo ha querido salir a despedirse de su amiguita o de sus amigos, da igual, les ha visto a ustedes en actitud cariñosa, no ha querido molestar y ha salido sin hacer ruido, después se le han complicado las cosas, ha debido ser su primera vez, juraría que ha ido a verse con una chica y ahora creen estar enamorados y se han fugado.
-Cómo me gustaría que tuviera usted razón, pero le aseguro que no ha sucedido así.
-Señora, debo estar loco si le hago esta pregunta ¿Tiene usted razones para creer en los extraterrestres?
-Si.
-Y lo dice convencida ¡Cielo santo!
En aquel momento llegaban el padre del muchacho y el segundo agente.
-No hay nada de nada. El chaval ha salido voluntariamente. Estoy seguro.
-Aquí la madre cree que han sido los extraterrestres – dijo sin ironía.
-Oiga ¿Ustedes tienen un hijo de verdad? A ver si todo esto va a ser un cachondeo.
-No te pongas así, Paco, la tensión y el miedo hacen que la gente diga cosas raras, pero nada más. No es una burla.
-Yo trabajo en serio.
El padre se había ido junto a la madre y le acariciaba el pelo con ternura.
-Es que mi mujer hace años sufrió un episodio traumático relacionado con un ovni.
-¿Qué le pasó? – preguntó intrigado el policía.
-No recuerda gran cosa. Vio una luz muy potente, después comenzó a notar sopor, y cuando despertó estaba toda llena de señales rojas en el cuerpo, como si le hubieran conectado aparatos, algo así como cuando te hacen un electro, eran marcas raras, no eran de máquinas terrestres conocidas. Han de entenderla, ella siempre ha creído que fueron los extraterrestres.
-Si, es natural, pero esto de su hijo parece otra cosa bastante más sencilla.
-Ustedes tienen experiencia, hagan lo que crean conveniente.
Los dos policías decidieron que no tenían nada más que hacer en la casa. Salieron prometiendo tenerles informados.
-Si hay alguna novedad o recuerdan algo nos llaman. Y no se preocupen, ya verán como el chico aparece. La mayoría vuelve a casa al cabo de unas horas.
La mujer se quedó en la habitación acariciando la ropa de su hijo. ¿Dónde estaría? ¿Qué había pasado?
El día tocaba a su fin y por la ventana abierta entraba la rojiza luz del crepúsculo. De repente un potente haz de luz luminoso, vertiginoso y en silencio, apareció en medio de la habitación borrándose en pocos segundos. La mujer se llevó las manos a la boca ahogando un grito de sorpresa y temor.
Desplomado en el suelo yacía el cuerpo de su hijo. Se agachó junto a él, lo abrazó y besó desesperada.
El muchacho abrió los ojos.
-Mamá ¿qué haces?
-Rey mío, rey mío.
El padre subía corriendo las escaleras, le había parecido oír la voz de su hijo.
-¡Dios!
-Ha vuelto, ha vuelto.
-¿Dónde has estado?
-¿Qué pasa? no entiendo nada, papá.
-¿No recuerdas nada?
-¿Qué tengo que recordar? ¿Por qué es de noche? ¿No nos íbamos a casa esta tarde?
Los padres se miraron con inquietud.
-Te has puesto malo y has perdido el conocimiento, acabas de despertar.
-¿Y qué hago en el suelo?
-Te has caído de la cama, estabas delirando – dijo la madre.
-Voy a decir que ya se ha despertado – dijo el padre.
-Si, ves, pero di que ya está bien, que no hace falta que venga nadie, que mañana nos vamos -
El hombre bajó a llamar a la policía.
-¿Agente? Si, soy el padre del chico desaparecido, si, ya está en casa, tenía usted toda la razón, una chica. Claro. Lamento las molestias. Muchas gracias por todo. Mañana nos vamos. Gracias otra vez. Si, si, gracias por el consejo. Buenas noches.

dimarts, 3 de març del 2009

Cierra ojo, abre ojo

_(Cierra ojo, abre ojo)_ Qué sí, te lo digo en serio, que fuerte, ¡no va y me dice que si quiero ‘lio’! _cierra ojo, abre ojo_ ¡Si yo no le he dado pie en toda la conversación!

Y al oír, que no escuchar, esta frase no puedo más que esconderme tras mi libro, cual espía en una película antigua de esas en blanco y negro, para que no me vea reírme. ¡Cómo que qué pie le ha dado al pobre hombre! ¡No se ha dado cuenta todavía de su tic! _cierra ojo, abre ojo_.

La chica sigue con su perorata, gesticulando y _cierra ojo, abre ojo_ subiendo el tono de su voz a agudos más propios de Gracita Morales diciendo aquello de ‘el señorito no está en casa’ que no de su alargada silueta de ‘ele’ de las de cuaderno de caligrafía, toda ella curvada para ponerse a la altura de sus semejantes más bajitos; coronada por una elipse de melena castaña lisa sin necesidad plancha ni secador ni espumas con una onda sobre la frente por todo volumen; y una base suficiente para soportar toda esa estructura en equilibrio. ¡Y encima lleva tacones! _cierra ojo, abre ojo_.

divendres, 27 de febrer del 2009

MI MUJER Y YO


Mi mujer y yo
Mi mujer y yo podemos ir juntos a muchos sitios. Por ejemplo a la playa. Al desierto a la montaña. Hasta podemos ir juntos a la cama, (de hecho lo hacemos, no es cuestión de crear dudas ). Pero hay un lugar donde nunca deberíamos ir , jamás, y es, ir de compras. No , en eso somos totalmente diferente. Yo prefiero el sofá, una cerveza fresquita y punto. Ella no, porque siempre me dice que la agobio. ¡ que yo la agobio ! Se dan cuenta de lo diferente que somos ?
En un principio me miente :
--Nos vamos enseguida..
Y nos tiramos cuatro o cinco horas de compra. Luego, el momento del pánico : vamos caminando por el centro comercial y de repente me doy cuenta que no está a mi lado. ¿ donde se metió ?. Cuando la encuentro, está como en otro mundo, fuera de si, delante de un escaparate diciendo algo así :
– Mira que suéter.....
Nosotros somos diferentes, digo los hombres, verdad. Vamos a lo práctico, las cosas útiles, necesarias. Por ejemplo : barbacoas, campo de fútbol, una caja llena de herramientas con cincuenta y tantos destornilladores, etc. ¡un corta césped !. Está bien, está bien, ¿para que lo quiero si no tengo jardín?, ¿y eso qué? Debe ser tan bonito pasarlo por la alfombra. Pero ella no me entiende.
– Que estás mirando otra vez, herramientas, te paras en uno sitios....
Y no me entiende porque la diferencia reside en que ella va de compras, en cambio yo voy a comprar, que no es lo mismo. “Comprar es” : Deme tornillos y tacos del seis, necesito cuatro pero deme ocho por si acaso. En cambio“Ir de compras es”:tan solo tengo cuatro horas para recorrer el centro comercial, y tengo que ver todas las tiendas. ¡ Y dice que yo la agobio !.
Mi mujer se puede pasar toda una tarde de compras aún sabiendo que no comprará absolutamente nada. Entra en la tienda y dice :
Me dejas probar ese suéter, ese y ese. -Y de camino me va comiendo la oreja.
Lo veo un poco pequeño, no te parece, y este me hace un poco gorda...
La dependienta la ve venir y pone mala cara. A mi esposa le da igual, y se prueba media tienda. A la hora , sale de la allí dejándolo todo revuelto, y nada más pisar la calle comenta :
Aquí no compro nunca porque las dependientas son muy bordes...
Yo nunca hago eso. En cuanto me pruebo dos o tres cosa ya me empiezo a sentir culpable. El dependiente que ya lo sabe de antemano se aprovecha de mi, ¡claro!
Sí , la chaqueta me gusta, pero la veo un poco grande...
¿Que se la ve grande señor ? No, hombre, quizá amplia, es su talla... pero es que usted tiene los hombros ancho, se nota que hace pesas, ¿he..?
¿Quien yo? No que va....
Si el dependiente es hábil, te puede vender hasta tres chaquetas : una negra, una azul, y una de colorines, por si vas al Caribe
Deme unos zapatos.
– ¿De que color?
– Negro
¿Número ?
Cuarenta y dos.
Y ya está. Mi mujer no, si encontrara los zapatos en la primera tienda, se le estropearía la tarde. Disfruta buscando.
Quiero unos zapatos mixtos destalonados, tacón cubano, rojo, pero no muy rojo, con algo de reflejos...
¡ Ahí tienes búscalos !
Ir de compras con mi mujer me convierte en un hombre objeto. Más concretamente en perchero: delante del probador sosteniéndole el bolso, la chaqueta, cargando con el resto de ropa . Ella se asoma y me dice:
– Cariño, pídele una tallita más y si lo tiene en azul.
Quizá lo peor de ir de compra con mi mujer, es encontrarte rodeado de mujeres desnudas y que lo único que te separa es una cortina diminuta que se mueve para aquí , para allá. ¿ Donde puedo mirar sin parecer un baboso ? ¡ A lasa cortinitas no! A la dependienta tampoco. Me hago el aburrido y chau.
Cuando me toca el turno de probarme es peor:
– Pruébate este y este, aquél, y si lo tiene en otro color también, rojo que está de moda.
Y se pasa todo el tiempo descorriendo la cortina, mientras todos los que pasan te miran el culo, porque yo no uso calzoncillo, así que es peor.
¡Y dice que yo la estreso !
Lo peor de todo es que de camino a casa, se va pensando por que no se compró esto o aquello en lugar de lo otro.
Todo se acaba, un viaje, una película, un espectáculo, etc. pero ir de compras con mi mujer parece una eternidad.
Por eso a mi dejame en el sofá con la cerveza en la mano, y a pesar del niño que no para de molestar con la pelota.
Hugo Pérez
16/02/09

dimarts, 17 de febrer del 2009

Joel

A partir de tres elements senzills: un sofà, una dona i un nen feu un microrelat de com a màxim 15 línies.

¿Dónde estás Joel?” ¡Demonios de niño! “O sales ahora mismo o te quedarás sin natillas” ¡Qué hartita estoy ya! Sólo quiero tumbarme en el sofá y no hacer nada. No me apetece ni hacer zapping. Y el niño con sus jueguecitos. “Joel, ¿tendré que llamar a la policía para que te busquen? ¡Pues mira qué bien! Más tranquila que estaré.” Coño, mierda, ostia puta, joder. ¡En que puto momento se me ocurrió tener hijos! “Joel, es el último aviso. Me voy a tumbar en el sofá, me encenderé un cigarrillo y si no has aparecido te quedas sin cenar y paso de buscarte. Lo sigo en serio.” ¿Dónde narices habré puesto el mechero? Juraría que estaba aquí, en la mesita, frente al sofá… ¡Aaaaaaaaaaaaaaaah! Que calentito está el sofá… Calentito no, está que arde, ¿Qué cojones pasa ahora? ¡Mierda! “¡Fuego, fuego! ¡¡¡Joel!!!! Sal, por favor. ¡¡¡Joel!!!”
Se escucha una tos que parece venir de detrás del sofá. Pero no hay nadie. Delante, a un lado, entre las cortinas. Nadie. “¡Mamá! ¡Mamá!” Y mamá levanta los cojines del sofá y encuentra a Joel escondido entre la estructura con el mechero en la mano y un papel quemado. Le mira y muy seria le dice: “Hijo, así no es como se juega al escondite” “Lo sé mamá, pero ¿a qué me has encontrado?

dilluns, 16 de febrer del 2009

Mujer, niño, sofá

Canturreando, Natalia preparaba la comida del medio día. Su hijo de cuatro años jugaba en el salón con la abuela. Se oían las dos voces, animadas y felices.
Adivinaba la escena tantas veces repetida. Su madre, sentada en el sofá jugaba como una criatura más, la edad la había convertido en una persona divertida e infantil y Javi la adoraba. No se sabría decir cual de los dos era más juguetón y fantasioso.
De pronto, la joven, alertada por su sexto sentido de madre, sintió la necesidad de abandonar la cocina y acudir al salón.
Natalia quedó parada, algo no estaba claro, algo había sucedido, pero no veía el qué.
El niño jugaba con su pelota tirándola hacia la portería de fútbol.
-Javi…. ¿Qué es eso?
-Mira, mami, una portería – Javi estaba exultante de alegría.
-¿Y… y la abuela? ¿Y el sofá? – preguntó aterrorizada.
-Se han ido – Seguía lanzando la pelota una y otra vez al fondo de la red –He hecho lo que dice la abuela, cerrar los ojos y desear algo con mucha fuerza.
Natalia cerró los suyos y deseó que todo fuese un sueño.

Monólogo

Las tres. Bueno, aún puedo dormir cuatro horas más, si me levanto a las siete, con ella, tengo tiempo de sobra. ¿Y para qué quiero levantarme tan temprano? Total no tengo nada que hacer. Le puedo preparar el desayuno ¿Y después qué? Puedo poner una lavadora y hacer la comida, eso le gustará, al menos la ayudo y no verá que estoy todo el día sin hacer nada pero eso me llevará dos horas como mucho, menos supongo, no sé lo que se tarda en hacer esas cosas, ya veremos pero seguro que no me voy a estar toda la mañana. También puedo comprar el periódico y ver qué ofertas hay. Con suerte puedo enviar dos o tres curriculums o concertar alguna entrevista aunque la verdad es que ningún día sale nada interesante, todo son comerciales y yo, vender, lo que se dice vender no he sabido nunca. ¡Qué asco de vida! Te matas por ser puntual, por cumplir, por agradar al jefe y después ¡hale! A la puta calle, dos años de paro y se quedan tan panchos. ¿Y qué hago yo con el paro? Con eso no hacemos nada, suerte que lo de ella no puede fallar, claro, los funcionarios ya se sabe. Mi madre me lo decía, “hijo, cásate con una funcionaria”, mira, ahora desde arriba estará tranquila. Yo tendría que haber hecho lo mismo pero claro, si no me ha gustado estudiar nunca y suerte que tuve de entrar en la fundición pero ahora nada de nada, mil tíos a la calle y dicen coyuntural, les iba a dar yo a ellos coyuntura. Ni un jefazo ha ido al paro, sólo los desgraciaos como yo. Si es que me persigue la mala suerte. Primero me estampo con el coche y ahora me quedo sin trabajo. ¿Qué más me puede salir mal? Las tres y media y no me duermo, a ver, piensa en cosas agradables y así te dormirás. Bueno, vamos a ver. Tengo dos años de paro, bueno, menos dos meses, es igual aún hay tiempo. Podría hacer lo que dice ella, la verdad es que no estaría mal, total sólo hay que aprenderse la constitución y si me la sé de memoria no puedo fallar y entonces me dan plaza segura, con suerte hasta podríamos coincidir pero toda la vida abriendo y cerrando la puerta del colegio y tratando con memos todos los días, no sé, atractivo no lo veo aunque más descansado seguro. Yo no sé como aguanta tantos años entre críos. Ser maestro es muy duro, yo la admiro, de verdad aunque a veces me trata como si yo fuera uno de sus alumnos. No debe darse cuenta. Y eso de coincidir no sería tan bueno como parece porque ella es maestra y yo sería un portero, se reirían de nosotros, los niños son muy crueles. UHF, suerte que no tenemos hijos porque si no ya me veo cuidando niños, como ahora estoy en casa me tocaría hacer de todo y encargarme de ellos. No, es una suerte que no tengamos. Menos mal. Mira, una cosa buena. Diez minutos, a ver si en diez minutos me duermo y entonces habré dormido tres horas más. Eso si sigo levantándome a las siete. Tú también roncas ¿eh guapa? Luego dice que el que ronca soy yo. Está guapa la puñetera y se está portando. Cuando me cargué el coche reaccionó muy bien, hay que reconocerlo y con lo del trabajo también, “ya saldremos de esta” dice, y canta cuando se ducha y todo, como si no pasase nada. No sé cómo se lo hace pero siempre está de buen humor. Yo no podría, todo el día con petanos y después con el marido parado en casa. Las mujeres son de otra pasta. Mira, le haré macarrones para comer, con mucho queso, como le gustan. Y comenzaré a estudiar la constitución. No debe ser tan difícil, si se la ha aprendido el conserje de su colegio que parece bobo también la puedo aprender yo, pero es que yo no soy tonto, bueno va, déjate de chorradas y a dormir que mañana has de hacer muchas cosas: el desayuno, poner una lavadora, los macarrones y aprenderte de memoria tres hojas. Claro que si saco las oposiciones seré funcionario y tendré vacaciones en Navidad y Semana Santa. Pues no está tan mal. Coincidiremos en las vacaciones. Ronca mi amor, ronca, tú duerme tranquila que te haré caso en todo, que la lista eres tú. Por eso eres funcionaria.

dimarts, 10 de febrer del 2009

De melodramas... y comedias

Ejercicio nº 1

La madre de él lloraba quedamente.
La de la muchacha estaba serena.
-Mamá – dijo la joven - ¿vendrás a vernos?
-Claro, cielo. En junio estoy ahí.
-Abrázame fuerte. Siempre lo haces tan flojito – le reprochó – Parece alegrarte que me vaya.
La madre sonrió y la besó en las mejillas.
-Qué tonterías dices. Estoy contenta porque es una oportunidad muy buena para vosotros.
-Pero tan lejos…
-Con los aviones todo está cerca. Venga, alegra esa cara.
La joven pareja finalmente desapareció de la vista.
La consuegra se secó las lágrimas.
-Cómo te admiro Con que serenidad lo llevas todo.
Se encogió de hombros. Realmente estaba contenta No deseaba perder a su hija pero sí alejarse de ella. Con la distancia quizás podría olvidar el día que su vida quedó marcada para siempre.
Seis meses después era ella quien subía a un avión. Doce interminables horas la separaban de su hija.
No había servido de nada la soledad ni la distancia. Una y otra vez veía como su pequeña hija, alegre y divertida, asustaba a su padre empujándole.
-Uuuuuu….- La niña reía.
Él braceaba. Intentaba guardar el equilibrio pero finalmente caía al vacío.
¿Cómo decirle a una niña de tres años que había matado a su padre? ¿Cómo llevar eso guardado durante veinticinco eternos años más? ¿Cómo vivir con aquella pesadilla?
El viaje había acabado. Temía y deseaba ver a su hija.
Estaba allí, radiante, esperándola.
-Mamá, por fin.
-Estás muy guapa.
-Te lo quería decir en persona. Estoy embarazada.
El corazón le dio un vuelco. Quizás había llegado el momento de perdonar.
Abrazó a su hija con toda la fuerza de que fue capaz.
-Mamá, te quiero.
-Yo también cielo. Yo también.

Ejercicio nº 2

Salí corriendo roja de vergüenza y llorando. Por varias razones era el peor día de mi vida.
Unas horas antes estaba nerviosa pero ilusionada.
Me había comprado un vestido para la ocasión, hecho una limpieza de cutis y pensaba maquillarme utilizando las enseñanzas y productos del cursillo intensivo realizado la última semana.
Lo tenía todo controlado.
Era como la puesta de largo en la empresa. Por fin se reconocía mi dedicación.
Ocho días antes mi jefe me había llamado para decirme lo que estaba deseando oír.
-Julia, los Consejeros están muy contentos con su trabajo y han aceptado hacerla socio colaborador. Sabe lo que eso significa.
-Si.
-Personalmente creo que hace tiempo que se lo merece y confío en usted plenamente.
-Gracias. No le defraudaré.
-El próximo viernes, aprovechando el veinte aniversario de la empresa, habrá un cóctel y se anunciará su ascenso. Estarán todos los directores. Será su día. Disfrútelo.
-Gracias señor, sin usted no creo que hubiera podido conseguirlo.
-No diga eso Julia, sabemos lo que vale.
Por fin había llegado el momento.
Seríamos unas cincuenta personas, los más importantes. Socios, directores, gerentes, jefes de departamento y sección; muy pocas mujeres. Era todo un logro. Los más cercanos a mi se sentían orgullosos.
Estaba nerviosa y tuve que ir disimuladamente al baño. A la vuelta me acerqué a mi jefe.
-Esté atenta, ahora van a nombrarla – me dijo en tono cariñoso.
Suspiré hondo. Ojalá mis padres pudieran estar acompañándome.
Escuché con atención, emocionada, las palabras de halago que sobre mi persona decía el Director General.
Pidió que me acercara para darme un abrazo, salí de mi rincón y caminé entre todos los presentes.
Sonreían. “Felicidades” “Enhorabuena” Eran las palabras que más escuchaba.
No sabía por qué, parecían tener cara de circunstancia. Como si disimularan. Aquellos metros se me hicieron largos. ¿Qué les pasaba a todos?
El Director General me abrazó y besó en la mejilla.
-Tranquila nena, tranquila.
¿Tanto se me notaban los nervios y la emoción?
Volví sobre mis pasos, estaba algo turbada. Me miraban tan raro…
La jefa de personal se acercó y abrazándome dijo quedamente: “Llevas la falda enganchada en las bragas, cariño”
Salí corriendo roja de vergüenza y llorando. Sin duda era el peor día de mi vida.

dissabte, 31 de gener del 2009

La vecina

EXERCICI
Un home agafa l`ascensor i troba a la veïna molt emprenyada. Li diu que si no fa callar al seu gos avisarà a la policia. Es queda de pedra : ell no té gos, ni dona, ni fill. Viu sol. A mitja nit el desperta de sobte el timbre histèric de la porta. La veïna ?, no un “urbano”. El deixa passar i es comprova que ell no te gos.


En ese mismo instante suena el timbre histérico de la puerta.
Roger : Ya va, ya va.. ¿quien puede ser a estas horas?
Urbano :¿Señor Roger Centelles ?
Roger :Si soy yo oficial
Urbano :Tiene una denuncia, interpuesta por una vecina del edificio. Dice que usted posee un perro que la molesta con sus ladridos.
Roger :Perdón. De que perro me habla?, si yo no tengo ninguno.
Urbano :Bueno ..mire , me manda el juez con una orden, bebo cerciorarme y redactar un acta de lo que sucede. ¿puedo pasar ?
Roger .Si, pase pase, pero es que aquí no hay ningún perro.
Urbano :La cocina ?
Roger :Por aquí oficial.
Urbano :Bien. En la cocina no se ve nada extraño,(escribe en el informe)Puedo ver el baño?.
Roger :A la derecha por el pasillo.¡pero que ocurrencia!, escúcheme oficial, le digo que no tengo ningún perro.
Urbano :¡Tranquilo señor !(levantó la voz), de momento está todo bien, nada raro. Déjeme ver la sala de estar.
Roger :Si pase es allí.
Urbano :A ver que tenemos por aquí, ¿ y esta correa ?
Roger :Bueno.. no se, ¿ pero de donde salió? Eso no estaba antes, ¿verdad?.
Urbano :Que insinúa , que la he puesto yo ?
Roger :¡No..! solo digo que esa correa no es mía, tiene que creerme oficial.
Urbano :Le creo señor, pero debo cumplir con mi deber y revisar todo el piso, ¿ de acuerdo?
Roger :Si está bien, pero es que...
Urbano :Silencio. Oigo ladrar un perro. Los ladridos vienen desde la habitación.
Roger :Pero que dice , esta loco oficial ! Aquí no hay ningún perro se lo aseguro. Y no pasará a la habitación, ¡pero que es esta locura!.
Urbano :Ya me colmo la paciencia. Queda detenido por desacato a la autoridad, por intento de engaño, por tener un perro molestando a los vecinos, etc. etc. etc...
Roger : Que hace con esas esposas, yo no soy ningún criminal, y no tengo perro.....
Urbano : No se resista, a ver quédese quieto mientras se las coloco . Ahora si, venga vamos a la habitación que quiero ver el perro.
El oficial lo llevaba casi a la rastra, este aún consternado por el suceso, caminaba a duras penas. Justo al abrir la puerta,se siente el ruido de un cuerpo cayendo de la cama. Era Roger que despertaba de una pesadilla.
Roger : Vaya que sueño más feo he tenido.
En ese mismo instante suena el timbre histérico de la puerta.
Roger : Ya va, ya va..Pero quien puede ser a estas horas...
: Señor Roger Centelles?. (EL URBANO)
HUGO PEREZ 01/09

dimecres, 28 de gener del 2009

Fría sabe mejor

-Señora Fina, le recuerdo que ya no tengo perro.
-Mire Juan, ya está bien de jugar conmigo. Su balcón es el único que tengo encima y los pipís sólo pueden caer de él.
-Tranquilícese ¿Cómo va a caerle nada desde mi balcón? No tengo ni plantas. Pase. Pase de una vez y compruébelo usted misma.
La mujer, con gesto altivo, siguió a su vecino hasta llegar al amplio comedor. Juan se paró delante de la cristalera, abrió y se apartó a un lado.
-Mire.
Fina salió al balcón. Efectivamente estaba completamente vacío y el suelo con polvo. Parecía que no lo había pisado nadie en días.
Tenía que reconocer que no había ni perro ni plantas ni nada de nada y aún así no estaba convencida.
Dignamente, con la cabeza bien alta, sin disculparse, volvió a su casa.
No había pasado ni media hora que ya estaban otra vez los ladridos.
“Maldito chucho” pensaba.
Se iba a volver loca. No podían ser imaginaciones suyas. Abajo no vivía nadie y además el agüilla amarillenta siempre venía del balcón de Juan y eran meadas de perro, seguro, además ella no estaba sorda ni ciega. Aunque si debía ser sincera al perro no lo había visto desde hacía meses. ¿Y si le mintió cuando le dijo que había muerto? Pero entonces ¿Dónde lo escondía? No podía ser. Era su imaginación. Los dichosos nervios otra vez.
Juan, con gesto lento, apretó el botón de stop y los ladridos de su querido Boby dejaron de oírse. Con la misma parsimonia salió al balcón y derramó el líquido por una de las esquinas.
-Ahora sí que te va a molestar el perro. Imbécil.

dimarts, 27 de gener del 2009

El perro

El perro
Ring, ring…
- Sr. Romero, abra por favor, soy de la Guardia Urbana. ¿Me oye?_ el agente resopló como si así pudiera quitarse el agobio que le producía tener que llamar a la puerta de un ciudadano a las 3 de la madrugada mientras la vecina le increpaba.
Ring, ring…
- ¡Se lo advertí! ¿Creía que no sería capaz de llamar a la policía? ¡Cómo puede dormir con esos ladridos! Usará tapones para los oídos… _ Aparición estaba que se tiraba de los pelos, llevaba ya 4 noches sin dormir por culpa de los ladridos del perro y encima ningún vecino parecía haberlos oído. Estaba tan cansada que nunca acertaba al pagar la barra de pan de fibra, claro que tampoco acertaba cuando dormía.
- Señora, por favor, retírese y déjeme hacer mi trabajo… _volvió a resoplar_ Sr. Romero, ¿puede por favor abrir la puerta?
- Voy, voy… pero ¿qué demonios pasa? ¿Hay un incendio? ¿Mi ex mujer les ha dicho que soy un terrorista? ¡Un momento que me visto! _Cecilio tenía claro que no podía salir en calzoncillos, así que buscó el albornoz y se enfundó en él mientras giraba la llave_ Buenas… ¿madrugadas? ¡¿Se puede saber en qué diantres puedo ayudarles que es tan urgente?!
- Buenas noches Sr. Romero, lamento molestarle a estas horas. Soy el agente Gutiérrez. Hemos recibido una llamada de su vecina avisándonos de que su perro estaba armando un gran escándalo.
- Cómo ya le he dicho a Aparición yo no tengo perro. Vivo sólo. La antena de la tele no funciona, no tengo pilas en la radio y sí, fumo pero mi tos no es como para confundirla con un perro…
- Lo lamento Sr. Romero.
- Cecilio.
- ¿Perdón?
- Que me llamo Cecilio.
- Sí, Cecilio Romero, lo pone en su buzón.
- Quiero decir que puede usted llamarme Cecilio.
- De acuerdo, usted puede llamarme Agente.
- ¿Me permite pasar para comprobarlo?
- ¿Qué me llamo Cecilio?
- No, si tiene perro.
- Pase, pase… ¿quiere un vaso de agua o no puede beber en acto de servicio?
- Podemos beber Cecilio, pero sólo si nos hemos sacado el carnet de dromedario y así no tenemos que ir al baño.
- Bien, entonces ¿tiene el carnet y tiene sed?
- Tengo el carnet y no tengo sed, gracias.
- ¿Ella también tiene que entrar?
- Señora… haga el favor de esperar fuera…
- ¡No me da la gana!
- Déjela, déjela… mejor que lo vea ella misma o no se creerá que estoy sólo.
Pase Sra. Aparición, pase. Husmeé lo que quiera, y si le apetece fregarme los platos no se moleste que tengo lavavajillas.
- ¡Qué grosero es usted Cecilio!
- Señora… _el agente lejos de perder la paciencia empezaba a encontrar divertida la situación_ Cecilio, ¿me jura usted que no tiene perro?
- No le juro nada que soy ateo, pero le confirmo que no, que no tengo perro.
- ¿Pero cómo puedes decir eso Cecilio? ¡Si lo estamos oyendo!
- Señora yo no oigo nada…
- Pues debería pasar por el otorrino usted también agente…
- A mi aparato de escucha no le pasa nada, no se me pase…
- ¿Me quieren volver loca?
- Aparición, que no tengo perro… _Cecilio ya le hablaba con esa condescendencia que se usa con los niños, los enfermos o con la que te tratan en el banco cuando tienes que pagarles una comisión.
- ¡Pero si lo estoy oyendo! Ladra como un condenado… ¡Míralo! Está ahí, ¿cómo te atreves a negar la evidencia?
- Señora, ahí ¿dónde es? Yo no lo veo…
- Delante de la puerta, ¿cómo puede ser que no lo vea?
- Ahí no hay nada_ Cecilio se encamina a la puerta y se para justo delante_ ¿lo ve?
- Al perro sí, claro que lo veo y no parece que le caiga muy bien Cecilio…
- Oiga Cecilio _el agente se lo lleva a un rincón donde Aparición no les oiga_ ¿cree usted que esta mujer está en sus cabales?
- Mire agente, por cierto, no me ha dicho usted su nombre…
- Agente.
- Bueno, bueno, si no me lo quiere usted decir…
- No, no me ha entendido, que me llamo Agente… una broma de mi padre que era muy cachondo además de policía y un jugador que jamás ganó una apuesta por eso me pusieron Agente…
- Disculpen, pero, ¿pueden hacer algo para que el perro se calle de una vez?
- ¿Pero qué perro señora? _el agente Agente cada vez estaba más en su salsa con aquella intervención_ Lo que le decía, ¿su vecina… no está muy sana del cerebro, verdad?
- Por el barrio dicen que antes era una famosa vidente, pero que un día se enamoró de un fantasma y desde entonces no ejerce. Ella dice que viven juntos, que se llama Amancio y que están muy enamorados y que además él es un gran amante…
- Pues no lo entiendo..
- ¿El qué? ¿Qué sea vidente? ¿Qué viva con un fantasma? Muchas personas viven con uno, claro que todos le ven, al suyo no…
- No, lo que no entiendo es cómo puede ser un buen amante si es etéreo… ¿o es un ectoplasma?
- Pues no lo sé… Jamás se me ocurrió preguntarlo… si hubiera sido el fantasma de Marilyn Monroe…
- ¡Me está mirando! El perro me está mirando. Ven perrito, ven. Oh ¡que dulce! ¿Cecilio no te da de comer? Si prometes no ladrar te llevo a casa y te doy un filete que tengo en la nevera…
- Cecilio ¿entiende usted algo?
- Creo que se han hecho amigos
- ¿Yo y esa? ¡Imposible, me da grima!
- No, ella y el perro.
- Pero si no hay perro.
- Mire usted y yo sabemos que no lo hay, pero ella cree que sí… y si se lo lleva, en su imaginación claro, usted acaba con la intervención y yo puedo volver a la cama.
- ¡Ah! Fantástico… pues a ver si se lo lleva… Señora… ¿señora?
- ¿Sí agente?
- ¿Cree usted que el caso queda resuelto? ¿Puedo irme?
- Por supuesto, del perro ya me encargo yo. Vamos perrito, ven conmigo, te llevaré a tu nueva casa, pero no puedes ladrar, ¿eh? Que Amancio tiene el sueño muy ligero…
- Bien agente Agente, ¿quiere ahora un vaso de agua?
- No Cecilio, gracias. Sigo sin sed pese a tener carnet de dromedario. Debo marcharme, he dejado el coche patrulla en doble fila y los de la grúa no perdonan ni a los del gremio cuando el Ayuntamiento está de recaudación…
- Bien, pues ha sido un placer conocerle.
- Lo mismo digo, si alguna vez necesita algo no dude en llamarme.
- Si alguna vez tiene sed ya sabe donde tiene un grifo.
- Adiós.
- Adiós
- Cecilio cierra la puerta de casa y mientras avanza por el pasillo y se va quitando el albornoz se dice a sí mismo: “¡menos mal! Creí que jamás me libraría del maldito perro fantasma!”

dimarts, 20 de gener del 2009

reencuentro

- ¿Sandra?

- ¿Sí? ¡¡¡Sara!!!... Cuanto tiempo... ¿Qué haces aquí? No sabía que te interesara la vela y la inclusión social...

- Bueno, en verdad lo que me interesa es el técnico que lleva el proyecto... ¿Y a ti? ¿Qué o quién te interesa?

- Mi sobrino, sufrió un accidente hace 5 años y forma parte de los navegantes del proyecto. ¿Qué hay del técnico? ¿Esa sonrisa se debe a él?

- A él se deben mis agujetas... ja, ja, ja... La sonrisa es por encontrarte. ¿Cómo va todo con Manuel?

- Bien, bien...

- No lo dices muy convencida...

- La verdad Sara... ¿te apetece que nos escapemos y nos tomamos una cerveza?

- Justo al salir hay una cafetería, vamos y me cuentas.
(...)

- Dos cañas, por favor. Bien cuéntame Sandra, ¿Qué es lo que pasa? ¿Tiene una nueva amante?

- Al contrario, ese es el problema. Todo iba mucho mejor cuando éramos amantes.

- Bueno, dicen que eso es normal. No es lo mismo ser con quien pasa los buenos ratos que quien le lava los calzoncillos...

- Lo sé. Pero... voy a preguntarte algo y espero que seas sincera conmigo...

- Claro, no lo dudes... ¡desembucha!

- Mientras tú estuviste casada con él... ¿se pasaba el día tirado en el sofá? sin ganas de hacer cosas juntos, sin risas...

- Sí, excepto cuando tenía una amante. Entonces era divertido, conversaba, salíamos cada semana... Era como estar casada con 2 hombres diferentes. Uno gris, triste, sin motivaciones y otro con ganas de comerse el mundo y disfrutar. En esos meses que le duraba el lío era cuando estábamos mejor.

- Lo que imaginaba... Entonces el problema es que no ha tenido amantes desde que yo dejé de serlo para pasar a ser su mujer y tú desapareciste de su vida.

- Pues no sabes cómo lo siento. ¿Y no se interesa por nadie o es qué ha perdido ese físico espectacular y ya no le hacen caso?

- No, no. Está buenísimo todavía. Pero creo que te echa de menos...

- ¿A mí?

- Sí, a ti. A veces le veo en el ordenador mirando tu facebook, leyendo tu blog... Siempre he sabido que os llevabais muy bien, no sólo en la cama...

- Ja, ja, ja... siento reírme pero no me imaginaba tener ese poder... ja, ja, ja... lo siento, lo siento... me encantaría ayudarte pero no sé qué decirte o que podría hacer...

- ¿Tú le echas de menos?

- Sinceramente, ¿eso me has pedido, no? que sea sincera... A veces sí. Él era mi mejor amigo y todavía no sé porqué perdimos el contacto... Jamás le cuestioné que tuviera amantes, ni que decidiera casarse contigo... Nunca le he reprochado nada.

- Bueno, eso fue culpa mía. Me daba igual que tuviera amantes mientras no fueras tú. Eres la única que le conoce bien y que podía alejarle de mí...

- Y tú has sido su mejor amante, jamás fuimos tan felices como cuando estuvo contigo...

- Y... mmmm... esto... Tú... tú... ¿volverías a quedar con él?

- ¡Vaya! ¿Realmente está mal la cosa, no? es broma... no te preocupes. Sí, me encantaría volver a verle y a otras cosas... la verdad. ¿En qué estás pensando?

- ¿Te gustaría ser su amante? Yo no le diría nada, claro. Interpretaría ese mismo papel que interpretaste tú, haciendo ver que no me entero de nada... Quiero recuperar al Manuel de antes. Al divertido, apasionado, al que se preocupaba por mi... y ¿quién mejor que tú?

- ¡Joder Sandra! Esto sí que no me lo esperaba... Mira, vamos a hacer una cosa... le dejaré un mensaje con segundas intenciones en su muro, si responde quedaré con él y ya veremos qué pasa a partir de ahí... Tanto por mi parte como por la suya... ¿Qué te parece?

- ¡Perfecto! ¡Me parece perfecto! y ahora cuéntame... ¿Qué tal con el técnico?

En confianza

Marisa..- ¡Vaya! Mira quien viene por aquí, si es nuestra querida amiga.
Jordi..- No ironices y al toro que es una mona.
Marisa..- Lo sabía.
Jordi..- Ahora entiendo lo guapa que te has puesto.
Marisa..- Se ha cambiado el Look, eso es que algo no va bien. Un síntoma.
Jordi..- Ya te gustaría.
Marisa..- ¿A mi? ¡Qué más me da!
Jordi..- Mentirosa.
Paula..- ¡Hola! ¡Qué sorpresa! ¿Cómo estás?
Marisa..- Estupendamente, gracias ¿y tú?
Paula..- Bien, como siempre, trabajando, ya sabes, esas cosas.
Marisa..- Como todos. Te presento a Jordi, un amigo
(Se dan la mano)
Paula..- (Sonríe y hace un guiño a Marisa) .-Encantada
Marisa..- ¿Has venido sola?
Paula..- No, Javier está por ahí, ya sabes como es.
Marisa..- Ya lo creo
Jorge..-Qué fiesta tan agradable
Paula..-Es ideal para conocer gente nueva
Marisa..- ¿No te da miedo?
Paula..- ¿Por qué tendría que dármelo?
Marisa..- Mujer, conociendo los antecedentes de tu marido
Paula..- Si cada vez que trata con alguien tuviera que sospechar, no haría otra cosa. Javier es libre de ir a donde quiera y de hablar con quien le plazca.
Marisa..- Eso tiene que gustarle bastante.
Jordi..-Que envidia me da tu marido.
Paula..-Tenemos una relación de mutua confianza.
Marisa..-Ay Paula, cariño, te aconsejo que no te relajes, lo digo porque sé de qué hablo.
Paula..-Que antes de ser mi marido fuera el tuyo no significa que lo sepas todo de él.
Marisa..-Sé lo suficiente
Jordi..- ¿Cómo se lo hace Javier para estar tan libre? Deberías darme algún consejo, a mi
no me dejan ni respirar.
Paula..- Marisa, escucha lo que está diciendo, aflójale la cuerda.
Marisa..-Jordi y yo no somos pareja.
Jordi..-No, no somos pareja y eso que la quiero muchísimo pero lo nuestro es platónico.
Marisa..- A Jordi le gustan los crápulas como Javier
Jordi..-Perdonarme un momento que acabo de ver a un conocido. (Se aleja de las dos
mujeres)
Paula..- ¿No es un poco patético que te hagas acompañar por un homosexual?
Marisa..-Es más triste que te pongan los cuernos.
Paula..- Das por sentado que todos los maridos son infieles.
Marisa..- El mío lo fue y que conste que cuando me enteré de que había sido contigo me
alegré un montón porque al menos no era con una pelandusca.
Paula..- Me parece que aún no lo has superado.
Marisa..- Al contrario cielo, estoy mejor que nunca, de verdad, y lo digo en serio, Javier
y tú estáis hechos el uno para el otro.
(Suena el móvil de Paula que se aparta un momento para hablar) (Se acerca Javier y viendo a su mujer entretenida se dirige a Marisa y la besa)
Javier..- ¡Caramba, qué sorpresa!
Marisa..- Ya ves, el mundo es un pañuelo.
Javier..- Te veo muy bien ¿Qué haces para estar tan guapa?
Marisa..- Duermo a pierna suelta. No puedes imaginar lo tranquila que vivo.
(Regresa Jordi y le habla a Marisa al oído)
Jordi..- Chata, estás más guapa que ella, eso le ha tenido que doler.
Marisa..- (Con sonrisa de triunfo) .-Que tonto eres, si nos queremos un montón.

Amparo