Mi mujer y yo
Mi mujer y yo podemos ir juntos a muchos sitios. Por ejemplo a la playa. Al desierto a la montaña. Hasta podemos ir juntos a la cama, (de hecho lo hacemos, no es cuestión de crear dudas ). Pero hay un lugar donde nunca deberíamos ir , jamás, y es, ir de compras. No , en eso somos totalmente diferente. Yo prefiero el sofá, una cerveza fresquita y punto. Ella no, porque siempre me dice que la agobio. ¡ que yo la agobio ! Se dan cuenta de lo diferente que somos ?
En un principio me miente :
--Nos vamos enseguida..
Y nos tiramos cuatro o cinco horas de compra. Luego, el momento del pánico : vamos caminando por el centro comercial y de repente me doy cuenta que no está a mi lado. ¿ donde se metió ?. Cuando la encuentro, está como en otro mundo, fuera de si, delante de un escaparate diciendo algo así :
– Mira que suéter.....
Nosotros somos diferentes, digo los hombres, verdad. Vamos a lo práctico, las cosas útiles, necesarias. Por ejemplo : barbacoas, campo de fútbol, una caja llena de herramientas con cincuenta y tantos destornilladores, etc. ¡un corta césped !. Está bien, está bien, ¿para que lo quiero si no tengo jardín?, ¿y eso qué? Debe ser tan bonito pasarlo por la alfombra. Pero ella no me entiende.
– Que estás mirando otra vez, herramientas, te paras en uno sitios....
Y no me entiende porque la diferencia reside en que ella va de compras, en cambio yo voy a comprar, que no es lo mismo. “Comprar es” : Deme tornillos y tacos del seis, necesito cuatro pero deme ocho por si acaso. En cambio“Ir de compras es”:tan solo tengo cuatro horas para recorrer el centro comercial, y tengo que ver todas las tiendas. ¡ Y dice que yo la agobio !.
Mi mujer se puede pasar toda una tarde de compras aún sabiendo que no comprará absolutamente nada. Entra en la tienda y dice :
Me dejas probar ese suéter, ese y ese. -Y de camino me va comiendo la oreja.
Lo veo un poco pequeño, no te parece, y este me hace un poco gorda...
La dependienta la ve venir y pone mala cara. A mi esposa le da igual, y se prueba media tienda. A la hora , sale de la allí dejándolo todo revuelto, y nada más pisar la calle comenta :
Aquí no compro nunca porque las dependientas son muy bordes...
Yo nunca hago eso. En cuanto me pruebo dos o tres cosa ya me empiezo a sentir culpable. El dependiente que ya lo sabe de antemano se aprovecha de mi, ¡claro!
Sí , la chaqueta me gusta, pero la veo un poco grande...
¿Que se la ve grande señor ? No, hombre, quizá amplia, es su talla... pero es que usted tiene los hombros ancho, se nota que hace pesas, ¿he..?
¿Quien yo? No que va....
Si el dependiente es hábil, te puede vender hasta tres chaquetas : una negra, una azul, y una de colorines, por si vas al Caribe
Deme unos zapatos.
– ¿De que color?
– Negro
¿Número ?
Cuarenta y dos.
Y ya está. Mi mujer no, si encontrara los zapatos en la primera tienda, se le estropearía la tarde. Disfruta buscando.
Quiero unos zapatos mixtos destalonados, tacón cubano, rojo, pero no muy rojo, con algo de reflejos...
¡ Ahí tienes búscalos !
Ir de compras con mi mujer me convierte en un hombre objeto. Más concretamente en perchero: delante del probador sosteniéndole el bolso, la chaqueta, cargando con el resto de ropa . Ella se asoma y me dice:
– Cariño, pídele una tallita más y si lo tiene en azul.
Quizá lo peor de ir de compra con mi mujer, es encontrarte rodeado de mujeres desnudas y que lo único que te separa es una cortina diminuta que se mueve para aquí , para allá. ¿ Donde puedo mirar sin parecer un baboso ? ¡ A lasa cortinitas no! A la dependienta tampoco. Me hago el aburrido y chau.
Cuando me toca el turno de probarme es peor:
– Pruébate este y este, aquél, y si lo tiene en otro color también, rojo que está de moda.
Y se pasa todo el tiempo descorriendo la cortina, mientras todos los que pasan te miran el culo, porque yo no uso calzoncillo, así que es peor.
¡Y dice que yo la estreso !
Lo peor de todo es que de camino a casa, se va pensando por que no se compró esto o aquello en lugar de lo otro.
Todo se acaba, un viaje, una película, un espectáculo, etc. pero ir de compras con mi mujer parece una eternidad.
Por eso a mi dejame en el sofá con la cerveza en la mano, y a pesar del niño que no para de molestar con la pelota.
Hugo Pérez
16/02/09