divendres, 27 de febrer del 2009

MI MUJER Y YO


Mi mujer y yo
Mi mujer y yo podemos ir juntos a muchos sitios. Por ejemplo a la playa. Al desierto a la montaña. Hasta podemos ir juntos a la cama, (de hecho lo hacemos, no es cuestión de crear dudas ). Pero hay un lugar donde nunca deberíamos ir , jamás, y es, ir de compras. No , en eso somos totalmente diferente. Yo prefiero el sofá, una cerveza fresquita y punto. Ella no, porque siempre me dice que la agobio. ¡ que yo la agobio ! Se dan cuenta de lo diferente que somos ?
En un principio me miente :
--Nos vamos enseguida..
Y nos tiramos cuatro o cinco horas de compra. Luego, el momento del pánico : vamos caminando por el centro comercial y de repente me doy cuenta que no está a mi lado. ¿ donde se metió ?. Cuando la encuentro, está como en otro mundo, fuera de si, delante de un escaparate diciendo algo así :
– Mira que suéter.....
Nosotros somos diferentes, digo los hombres, verdad. Vamos a lo práctico, las cosas útiles, necesarias. Por ejemplo : barbacoas, campo de fútbol, una caja llena de herramientas con cincuenta y tantos destornilladores, etc. ¡un corta césped !. Está bien, está bien, ¿para que lo quiero si no tengo jardín?, ¿y eso qué? Debe ser tan bonito pasarlo por la alfombra. Pero ella no me entiende.
– Que estás mirando otra vez, herramientas, te paras en uno sitios....
Y no me entiende porque la diferencia reside en que ella va de compras, en cambio yo voy a comprar, que no es lo mismo. “Comprar es” : Deme tornillos y tacos del seis, necesito cuatro pero deme ocho por si acaso. En cambio“Ir de compras es”:tan solo tengo cuatro horas para recorrer el centro comercial, y tengo que ver todas las tiendas. ¡ Y dice que yo la agobio !.
Mi mujer se puede pasar toda una tarde de compras aún sabiendo que no comprará absolutamente nada. Entra en la tienda y dice :
Me dejas probar ese suéter, ese y ese. -Y de camino me va comiendo la oreja.
Lo veo un poco pequeño, no te parece, y este me hace un poco gorda...
La dependienta la ve venir y pone mala cara. A mi esposa le da igual, y se prueba media tienda. A la hora , sale de la allí dejándolo todo revuelto, y nada más pisar la calle comenta :
Aquí no compro nunca porque las dependientas son muy bordes...
Yo nunca hago eso. En cuanto me pruebo dos o tres cosa ya me empiezo a sentir culpable. El dependiente que ya lo sabe de antemano se aprovecha de mi, ¡claro!
Sí , la chaqueta me gusta, pero la veo un poco grande...
¿Que se la ve grande señor ? No, hombre, quizá amplia, es su talla... pero es que usted tiene los hombros ancho, se nota que hace pesas, ¿he..?
¿Quien yo? No que va....
Si el dependiente es hábil, te puede vender hasta tres chaquetas : una negra, una azul, y una de colorines, por si vas al Caribe
Deme unos zapatos.
– ¿De que color?
– Negro
¿Número ?
Cuarenta y dos.
Y ya está. Mi mujer no, si encontrara los zapatos en la primera tienda, se le estropearía la tarde. Disfruta buscando.
Quiero unos zapatos mixtos destalonados, tacón cubano, rojo, pero no muy rojo, con algo de reflejos...
¡ Ahí tienes búscalos !
Ir de compras con mi mujer me convierte en un hombre objeto. Más concretamente en perchero: delante del probador sosteniéndole el bolso, la chaqueta, cargando con el resto de ropa . Ella se asoma y me dice:
– Cariño, pídele una tallita más y si lo tiene en azul.
Quizá lo peor de ir de compra con mi mujer, es encontrarte rodeado de mujeres desnudas y que lo único que te separa es una cortina diminuta que se mueve para aquí , para allá. ¿ Donde puedo mirar sin parecer un baboso ? ¡ A lasa cortinitas no! A la dependienta tampoco. Me hago el aburrido y chau.
Cuando me toca el turno de probarme es peor:
– Pruébate este y este, aquél, y si lo tiene en otro color también, rojo que está de moda.
Y se pasa todo el tiempo descorriendo la cortina, mientras todos los que pasan te miran el culo, porque yo no uso calzoncillo, así que es peor.
¡Y dice que yo la estreso !
Lo peor de todo es que de camino a casa, se va pensando por que no se compró esto o aquello en lugar de lo otro.
Todo se acaba, un viaje, una película, un espectáculo, etc. pero ir de compras con mi mujer parece una eternidad.
Por eso a mi dejame en el sofá con la cerveza en la mano, y a pesar del niño que no para de molestar con la pelota.
Hugo Pérez
16/02/09

dimarts, 17 de febrer del 2009

Joel

A partir de tres elements senzills: un sofà, una dona i un nen feu un microrelat de com a màxim 15 línies.

¿Dónde estás Joel?” ¡Demonios de niño! “O sales ahora mismo o te quedarás sin natillas” ¡Qué hartita estoy ya! Sólo quiero tumbarme en el sofá y no hacer nada. No me apetece ni hacer zapping. Y el niño con sus jueguecitos. “Joel, ¿tendré que llamar a la policía para que te busquen? ¡Pues mira qué bien! Más tranquila que estaré.” Coño, mierda, ostia puta, joder. ¡En que puto momento se me ocurrió tener hijos! “Joel, es el último aviso. Me voy a tumbar en el sofá, me encenderé un cigarrillo y si no has aparecido te quedas sin cenar y paso de buscarte. Lo sigo en serio.” ¿Dónde narices habré puesto el mechero? Juraría que estaba aquí, en la mesita, frente al sofá… ¡Aaaaaaaaaaaaaaaah! Que calentito está el sofá… Calentito no, está que arde, ¿Qué cojones pasa ahora? ¡Mierda! “¡Fuego, fuego! ¡¡¡Joel!!!! Sal, por favor. ¡¡¡Joel!!!”
Se escucha una tos que parece venir de detrás del sofá. Pero no hay nadie. Delante, a un lado, entre las cortinas. Nadie. “¡Mamá! ¡Mamá!” Y mamá levanta los cojines del sofá y encuentra a Joel escondido entre la estructura con el mechero en la mano y un papel quemado. Le mira y muy seria le dice: “Hijo, así no es como se juega al escondite” “Lo sé mamá, pero ¿a qué me has encontrado?

dilluns, 16 de febrer del 2009

Mujer, niño, sofá

Canturreando, Natalia preparaba la comida del medio día. Su hijo de cuatro años jugaba en el salón con la abuela. Se oían las dos voces, animadas y felices.
Adivinaba la escena tantas veces repetida. Su madre, sentada en el sofá jugaba como una criatura más, la edad la había convertido en una persona divertida e infantil y Javi la adoraba. No se sabría decir cual de los dos era más juguetón y fantasioso.
De pronto, la joven, alertada por su sexto sentido de madre, sintió la necesidad de abandonar la cocina y acudir al salón.
Natalia quedó parada, algo no estaba claro, algo había sucedido, pero no veía el qué.
El niño jugaba con su pelota tirándola hacia la portería de fútbol.
-Javi…. ¿Qué es eso?
-Mira, mami, una portería – Javi estaba exultante de alegría.
-¿Y… y la abuela? ¿Y el sofá? – preguntó aterrorizada.
-Se han ido – Seguía lanzando la pelota una y otra vez al fondo de la red –He hecho lo que dice la abuela, cerrar los ojos y desear algo con mucha fuerza.
Natalia cerró los suyos y deseó que todo fuese un sueño.

Monólogo

Las tres. Bueno, aún puedo dormir cuatro horas más, si me levanto a las siete, con ella, tengo tiempo de sobra. ¿Y para qué quiero levantarme tan temprano? Total no tengo nada que hacer. Le puedo preparar el desayuno ¿Y después qué? Puedo poner una lavadora y hacer la comida, eso le gustará, al menos la ayudo y no verá que estoy todo el día sin hacer nada pero eso me llevará dos horas como mucho, menos supongo, no sé lo que se tarda en hacer esas cosas, ya veremos pero seguro que no me voy a estar toda la mañana. También puedo comprar el periódico y ver qué ofertas hay. Con suerte puedo enviar dos o tres curriculums o concertar alguna entrevista aunque la verdad es que ningún día sale nada interesante, todo son comerciales y yo, vender, lo que se dice vender no he sabido nunca. ¡Qué asco de vida! Te matas por ser puntual, por cumplir, por agradar al jefe y después ¡hale! A la puta calle, dos años de paro y se quedan tan panchos. ¿Y qué hago yo con el paro? Con eso no hacemos nada, suerte que lo de ella no puede fallar, claro, los funcionarios ya se sabe. Mi madre me lo decía, “hijo, cásate con una funcionaria”, mira, ahora desde arriba estará tranquila. Yo tendría que haber hecho lo mismo pero claro, si no me ha gustado estudiar nunca y suerte que tuve de entrar en la fundición pero ahora nada de nada, mil tíos a la calle y dicen coyuntural, les iba a dar yo a ellos coyuntura. Ni un jefazo ha ido al paro, sólo los desgraciaos como yo. Si es que me persigue la mala suerte. Primero me estampo con el coche y ahora me quedo sin trabajo. ¿Qué más me puede salir mal? Las tres y media y no me duermo, a ver, piensa en cosas agradables y así te dormirás. Bueno, vamos a ver. Tengo dos años de paro, bueno, menos dos meses, es igual aún hay tiempo. Podría hacer lo que dice ella, la verdad es que no estaría mal, total sólo hay que aprenderse la constitución y si me la sé de memoria no puedo fallar y entonces me dan plaza segura, con suerte hasta podríamos coincidir pero toda la vida abriendo y cerrando la puerta del colegio y tratando con memos todos los días, no sé, atractivo no lo veo aunque más descansado seguro. Yo no sé como aguanta tantos años entre críos. Ser maestro es muy duro, yo la admiro, de verdad aunque a veces me trata como si yo fuera uno de sus alumnos. No debe darse cuenta. Y eso de coincidir no sería tan bueno como parece porque ella es maestra y yo sería un portero, se reirían de nosotros, los niños son muy crueles. UHF, suerte que no tenemos hijos porque si no ya me veo cuidando niños, como ahora estoy en casa me tocaría hacer de todo y encargarme de ellos. No, es una suerte que no tengamos. Menos mal. Mira, una cosa buena. Diez minutos, a ver si en diez minutos me duermo y entonces habré dormido tres horas más. Eso si sigo levantándome a las siete. Tú también roncas ¿eh guapa? Luego dice que el que ronca soy yo. Está guapa la puñetera y se está portando. Cuando me cargué el coche reaccionó muy bien, hay que reconocerlo y con lo del trabajo también, “ya saldremos de esta” dice, y canta cuando se ducha y todo, como si no pasase nada. No sé cómo se lo hace pero siempre está de buen humor. Yo no podría, todo el día con petanos y después con el marido parado en casa. Las mujeres son de otra pasta. Mira, le haré macarrones para comer, con mucho queso, como le gustan. Y comenzaré a estudiar la constitución. No debe ser tan difícil, si se la ha aprendido el conserje de su colegio que parece bobo también la puedo aprender yo, pero es que yo no soy tonto, bueno va, déjate de chorradas y a dormir que mañana has de hacer muchas cosas: el desayuno, poner una lavadora, los macarrones y aprenderte de memoria tres hojas. Claro que si saco las oposiciones seré funcionario y tendré vacaciones en Navidad y Semana Santa. Pues no está tan mal. Coincidiremos en las vacaciones. Ronca mi amor, ronca, tú duerme tranquila que te haré caso en todo, que la lista eres tú. Por eso eres funcionaria.

dimarts, 10 de febrer del 2009

De melodramas... y comedias

Ejercicio nº 1

La madre de él lloraba quedamente.
La de la muchacha estaba serena.
-Mamá – dijo la joven - ¿vendrás a vernos?
-Claro, cielo. En junio estoy ahí.
-Abrázame fuerte. Siempre lo haces tan flojito – le reprochó – Parece alegrarte que me vaya.
La madre sonrió y la besó en las mejillas.
-Qué tonterías dices. Estoy contenta porque es una oportunidad muy buena para vosotros.
-Pero tan lejos…
-Con los aviones todo está cerca. Venga, alegra esa cara.
La joven pareja finalmente desapareció de la vista.
La consuegra se secó las lágrimas.
-Cómo te admiro Con que serenidad lo llevas todo.
Se encogió de hombros. Realmente estaba contenta No deseaba perder a su hija pero sí alejarse de ella. Con la distancia quizás podría olvidar el día que su vida quedó marcada para siempre.
Seis meses después era ella quien subía a un avión. Doce interminables horas la separaban de su hija.
No había servido de nada la soledad ni la distancia. Una y otra vez veía como su pequeña hija, alegre y divertida, asustaba a su padre empujándole.
-Uuuuuu….- La niña reía.
Él braceaba. Intentaba guardar el equilibrio pero finalmente caía al vacío.
¿Cómo decirle a una niña de tres años que había matado a su padre? ¿Cómo llevar eso guardado durante veinticinco eternos años más? ¿Cómo vivir con aquella pesadilla?
El viaje había acabado. Temía y deseaba ver a su hija.
Estaba allí, radiante, esperándola.
-Mamá, por fin.
-Estás muy guapa.
-Te lo quería decir en persona. Estoy embarazada.
El corazón le dio un vuelco. Quizás había llegado el momento de perdonar.
Abrazó a su hija con toda la fuerza de que fue capaz.
-Mamá, te quiero.
-Yo también cielo. Yo también.

Ejercicio nº 2

Salí corriendo roja de vergüenza y llorando. Por varias razones era el peor día de mi vida.
Unas horas antes estaba nerviosa pero ilusionada.
Me había comprado un vestido para la ocasión, hecho una limpieza de cutis y pensaba maquillarme utilizando las enseñanzas y productos del cursillo intensivo realizado la última semana.
Lo tenía todo controlado.
Era como la puesta de largo en la empresa. Por fin se reconocía mi dedicación.
Ocho días antes mi jefe me había llamado para decirme lo que estaba deseando oír.
-Julia, los Consejeros están muy contentos con su trabajo y han aceptado hacerla socio colaborador. Sabe lo que eso significa.
-Si.
-Personalmente creo que hace tiempo que se lo merece y confío en usted plenamente.
-Gracias. No le defraudaré.
-El próximo viernes, aprovechando el veinte aniversario de la empresa, habrá un cóctel y se anunciará su ascenso. Estarán todos los directores. Será su día. Disfrútelo.
-Gracias señor, sin usted no creo que hubiera podido conseguirlo.
-No diga eso Julia, sabemos lo que vale.
Por fin había llegado el momento.
Seríamos unas cincuenta personas, los más importantes. Socios, directores, gerentes, jefes de departamento y sección; muy pocas mujeres. Era todo un logro. Los más cercanos a mi se sentían orgullosos.
Estaba nerviosa y tuve que ir disimuladamente al baño. A la vuelta me acerqué a mi jefe.
-Esté atenta, ahora van a nombrarla – me dijo en tono cariñoso.
Suspiré hondo. Ojalá mis padres pudieran estar acompañándome.
Escuché con atención, emocionada, las palabras de halago que sobre mi persona decía el Director General.
Pidió que me acercara para darme un abrazo, salí de mi rincón y caminé entre todos los presentes.
Sonreían. “Felicidades” “Enhorabuena” Eran las palabras que más escuchaba.
No sabía por qué, parecían tener cara de circunstancia. Como si disimularan. Aquellos metros se me hicieron largos. ¿Qué les pasaba a todos?
El Director General me abrazó y besó en la mejilla.
-Tranquila nena, tranquila.
¿Tanto se me notaban los nervios y la emoción?
Volví sobre mis pasos, estaba algo turbada. Me miraban tan raro…
La jefa de personal se acercó y abrazándome dijo quedamente: “Llevas la falda enganchada en las bragas, cariño”
Salí corriendo roja de vergüenza y llorando. Sin duda era el peor día de mi vida.