dilluns, 16 de febrer del 2009

Monólogo

Las tres. Bueno, aún puedo dormir cuatro horas más, si me levanto a las siete, con ella, tengo tiempo de sobra. ¿Y para qué quiero levantarme tan temprano? Total no tengo nada que hacer. Le puedo preparar el desayuno ¿Y después qué? Puedo poner una lavadora y hacer la comida, eso le gustará, al menos la ayudo y no verá que estoy todo el día sin hacer nada pero eso me llevará dos horas como mucho, menos supongo, no sé lo que se tarda en hacer esas cosas, ya veremos pero seguro que no me voy a estar toda la mañana. También puedo comprar el periódico y ver qué ofertas hay. Con suerte puedo enviar dos o tres curriculums o concertar alguna entrevista aunque la verdad es que ningún día sale nada interesante, todo son comerciales y yo, vender, lo que se dice vender no he sabido nunca. ¡Qué asco de vida! Te matas por ser puntual, por cumplir, por agradar al jefe y después ¡hale! A la puta calle, dos años de paro y se quedan tan panchos. ¿Y qué hago yo con el paro? Con eso no hacemos nada, suerte que lo de ella no puede fallar, claro, los funcionarios ya se sabe. Mi madre me lo decía, “hijo, cásate con una funcionaria”, mira, ahora desde arriba estará tranquila. Yo tendría que haber hecho lo mismo pero claro, si no me ha gustado estudiar nunca y suerte que tuve de entrar en la fundición pero ahora nada de nada, mil tíos a la calle y dicen coyuntural, les iba a dar yo a ellos coyuntura. Ni un jefazo ha ido al paro, sólo los desgraciaos como yo. Si es que me persigue la mala suerte. Primero me estampo con el coche y ahora me quedo sin trabajo. ¿Qué más me puede salir mal? Las tres y media y no me duermo, a ver, piensa en cosas agradables y así te dormirás. Bueno, vamos a ver. Tengo dos años de paro, bueno, menos dos meses, es igual aún hay tiempo. Podría hacer lo que dice ella, la verdad es que no estaría mal, total sólo hay que aprenderse la constitución y si me la sé de memoria no puedo fallar y entonces me dan plaza segura, con suerte hasta podríamos coincidir pero toda la vida abriendo y cerrando la puerta del colegio y tratando con memos todos los días, no sé, atractivo no lo veo aunque más descansado seguro. Yo no sé como aguanta tantos años entre críos. Ser maestro es muy duro, yo la admiro, de verdad aunque a veces me trata como si yo fuera uno de sus alumnos. No debe darse cuenta. Y eso de coincidir no sería tan bueno como parece porque ella es maestra y yo sería un portero, se reirían de nosotros, los niños son muy crueles. UHF, suerte que no tenemos hijos porque si no ya me veo cuidando niños, como ahora estoy en casa me tocaría hacer de todo y encargarme de ellos. No, es una suerte que no tengamos. Menos mal. Mira, una cosa buena. Diez minutos, a ver si en diez minutos me duermo y entonces habré dormido tres horas más. Eso si sigo levantándome a las siete. Tú también roncas ¿eh guapa? Luego dice que el que ronca soy yo. Está guapa la puñetera y se está portando. Cuando me cargué el coche reaccionó muy bien, hay que reconocerlo y con lo del trabajo también, “ya saldremos de esta” dice, y canta cuando se ducha y todo, como si no pasase nada. No sé cómo se lo hace pero siempre está de buen humor. Yo no podría, todo el día con petanos y después con el marido parado en casa. Las mujeres son de otra pasta. Mira, le haré macarrones para comer, con mucho queso, como le gustan. Y comenzaré a estudiar la constitución. No debe ser tan difícil, si se la ha aprendido el conserje de su colegio que parece bobo también la puedo aprender yo, pero es que yo no soy tonto, bueno va, déjate de chorradas y a dormir que mañana has de hacer muchas cosas: el desayuno, poner una lavadora, los macarrones y aprenderte de memoria tres hojas. Claro que si saco las oposiciones seré funcionario y tendré vacaciones en Navidad y Semana Santa. Pues no está tan mal. Coincidiremos en las vacaciones. Ronca mi amor, ronca, tú duerme tranquila que te haré caso en todo, que la lista eres tú. Por eso eres funcionaria.