dimarts, 3 de març del 2009

Cierra ojo, abre ojo

_(Cierra ojo, abre ojo)_ Qué sí, te lo digo en serio, que fuerte, ¡no va y me dice que si quiero ‘lio’! _cierra ojo, abre ojo_ ¡Si yo no le he dado pie en toda la conversación!

Y al oír, que no escuchar, esta frase no puedo más que esconderme tras mi libro, cual espía en una película antigua de esas en blanco y negro, para que no me vea reírme. ¡Cómo que qué pie le ha dado al pobre hombre! ¡No se ha dado cuenta todavía de su tic! _cierra ojo, abre ojo_.

La chica sigue con su perorata, gesticulando y _cierra ojo, abre ojo_ subiendo el tono de su voz a agudos más propios de Gracita Morales diciendo aquello de ‘el señorito no está en casa’ que no de su alargada silueta de ‘ele’ de las de cuaderno de caligrafía, toda ella curvada para ponerse a la altura de sus semejantes más bajitos; coronada por una elipse de melena castaña lisa sin necesidad plancha ni secador ni espumas con una onda sobre la frente por todo volumen; y una base suficiente para soportar toda esa estructura en equilibrio. ¡Y encima lleva tacones! _cierra ojo, abre ojo_.