El policía rebuscaba entre las ropas del muchacho mientras iba preguntando a los padres.
-¿Tienen alguna fotografía reciente?
-Si – contestó la madre con voz apagada – de ayer mismo
-Iría bien tener algunas copias. Ya le habrá dicho mi compañero que hasta que no pasen cuarenta y ocho horas no podemos darle por desaparecido pero este es un pueblo pequeño así que iremos haciendo alguna gestión, no se preocupen, es muy probable que aparezca él solo en cualquier momento, los chicos a veces hacen tonterías pero suelen arrepentirse.
-Mi hijo no es de esos, es muy formal y estaba muy contento por volver a casa.
-¿Sospechan de algo o de alguien?
-No, no se nos ocurre nada. No entendemos qué ha podido pasar.
-Si no es mucha molestia ¿podrían decirme cuando han notado la ausencia de su hijo?
-Nos hemos levantado a eso de las nueve, más o menos, hemos desayunado y mi mujer le ha dicho que subiera a su habitación y se hiciese la maleta, debíamos salir esta tarde hacia casa en el avión de las siete. Ha subido y ya no le hemos visto más, cuando hemos notado que no bajaba le hemos llamado varias veces y como no contestaba, mi mujer ha subido a la habitación y no estaba.
-¿Han notado si parecía triste o de mal humor?
-No, estaba como siempre. Es un niño alegre, muy de la broma.
¿Tiene móvil?
-Si, pero sólo se lo dejamos cuando sale, no se lo ha llevado, está en la mesita.
-¿Es este?
-Si.
-Me lo voy a quedar, miraremos las llamadas recibidas y hechas y los números de contacto.
-Ya lo hemos hecho nosotros, no hay nada raro.
-De todas formas lo miraremos. ¿Han buscado en la playa?
-Por todo el pueblo, nadie lo ha visto.
-¿Cómo es su hijo?
-Es alto, mide ya ciento ochenta centímetros, delgado, moreno, es guapo, llevaba unos tejanos y una camiseta azul oscuro, lisa, de manga corta. Zapatillas negras. No puede pasar desapercibido es un chico que se ve, se hace notar – la madre estaba a punto de ponerse a llorar.
-Ustedes no le han visto salir.
-No, es imposible que haya salido sin que le hayamos visto, este apartamento es muy pequeño y la puerta está en el comedor. Nosotros estábamos abajo y no nos hemos movido de allí.
-¿No es posible que uno de ustedes estuviera en la habitación y el otro en el baño o en la terraza? no sé, que hubieran salido del comedor en algún momento justo cuando él marchaba
-No, además hubiéramos oído la puerta.
-Si uno no quiere ser visto ni oído es posible conseguirlo.
-Mi hijo no se ha escapado.
-Señora, perdone, no quiero ofender pero a veces los padres son los últimos en enterarse de los problemas de los hijos.
-Le digo que mi hijo es un chico normal – apostilló el padre, rebelde.
-¿Saben si se droga?
-¡Claro que no!
-¿Cómo están tan seguros?
-Es nuestro hijo, lo sabemos.
El policía se acercó a la ventana y la estuvo mirando.
-Por aquí no parece haber saltado nadie, no hay marcas. O ha volado o ha salido por la puerta.
Los padres se desesperaban.
-Es imposible.
-¿Entonces cómo creen ustedes que ha podido desaparecer?
-No tiene explicación.
-La tiene, señora.
Volvió el agente a mirar por la habitación.
-¿Esa puerta es un armario?
-Si.
Lo abrió y miró en su interior. Estaba vacío, media docena de perchas solitarias se movieron ligeramente.
-¿Han mirado en el maletero del coche?
-No cabría.
-Entonces no han mirado.
-No, pero ya le digo que es prácticamente imposible, mi hijo juega al baloncesto, es alto y fornido a pesar de su edad. Además, ¿para qué iba a meterse en el maletero del coche?
-¡Pero si no ha salido de casa! – Decía la madre musitando.
-Señora, esa idea quítesela de la cabeza, su hijo ha tenido que salir. Paco – llamó con voz fuerte a su compañero – Mira alrededor de la casa a ver si hay pisadas o algo y mira en el coche, en el maletero también. ¿Está abierto? – preguntó al padre que negó con la cabeza – pues acompañe a mi compañero y mírenlo.
Bajó el hombre y se quedaron solos el policía y la madre.
-Señora, ahora no está su marido delante, puede decirme qué problemas tenía con su hijo.
La mujer se puso a llorar quedamente.
-No lo sé, de verdad que no lo sé. Es un niño tan bueno, en el colegio todo el mundo lo quiere, en el equipo de baloncesto también, es obediente, estudioso.
-Usted sabe algo que su marido y yo desconocemos.
-De verdad que no hay nada raro.
-¿Ha hecho amigos durante las vacaciones? ¿Salía con alguien? ¿Alguna chica?
-En la piscina se juntaba con un grupito de chicos y chicas pero les hemos preguntado y dicen que no le han visto desde ayer.
-Tendrá que decirme quienes son esos chicos para hablar con ellos. Los jóvenes confunden muy a menudo lo que es la lealtad en la amistad. Lo mismo le están protegiendo.
Rompió a llorar desconsoladamente la pobre mujer.
-Mi hijo no puede haber huido de nosotros. Le queremos muchísimo. Es nuestro niño.
El hombre suspiró y resopló.
-Señora, quizás su hijo se sentía demasiado protegido, demasiado llevado, no sé si me entiende, los chicos a estas edades quieren algo más de libertad, usted parece ser una madre muy…bueno, no dudo de que es usted una madre estupenda pero ellos no siempre lo ven así, quizás quiere darles un susto, hacerles entender algo.
-Mire, ya sé que lo mimo pero nunca se ha quejado, es nuestro único hijo y mi marido es como un amigo para él, van juntos a todos los partidos, están muy unidos.
-A lo mejor es ese el problema.
-Nunca ha demostrado que le molestase nuestro comportamiento. Siempre está alegre. y riendo.
-Pues hay algo o alguien que le ha hecho marcharse de casa.
-¿Y si ha sido contra su voluntad? Es un chico guapo ¿sabe? ¿Y si lo han raptado?
-No es muy corriente, si fuera una chica sería diferente pero no hay que descartar nada. Ahora lo principal es saber a qué hora ha salido de casa.
-Eso es lo que más me preocupa porque le juro que no se ha movido de su habitación.
De nuevo volvió a resoplar el policía.
-Abducido no creo que haya sido, señora.
-Usted no nos cree.
-Por la ventana no ha salido, sería un salto muy grande y habría dejado marca en el suelo. Si sabemos a que hora se fue podemos descartar algunos medios de transporte.
-Es que usted se empeña en que se ha ido voluntariamente y le aseguro que no es así.
-Entonces dígame que es lo que piensa. ¿Usted qué cree?
-Pensará que estoy loca.
-No creo que me sorprenda nada, señora. Soy de pueblo pero he visto de todos los colores.
-Han sido los extraterrestres.
Si no fuera por la gravedad del momento el agente se hubiera echado a reír.
-¿Cuáles?
-No sé, los que son capaces de hacer desaparecer a la gente, los que se los llevan a su nave a través de una luz.
-Como en las películas.
-¿Qué si no ha podido pasar?
-Mire, tengo fama de paciente pero no de idiota. Su hijo ha querido salir a despedirse de su amiguita o de sus amigos, da igual, les ha visto a ustedes en actitud cariñosa, no ha querido molestar y ha salido sin hacer ruido, después se le han complicado las cosas, ha debido ser su primera vez, juraría que ha ido a verse con una chica y ahora creen estar enamorados y se han fugado.
-Cómo me gustaría que tuviera usted razón, pero le aseguro que no ha sucedido así.
-Señora, debo estar loco si le hago esta pregunta ¿Tiene usted razones para creer en los extraterrestres?
-Si.
-Y lo dice convencida ¡Cielo santo!
En aquel momento llegaban el padre del muchacho y el segundo agente.
-No hay nada de nada. El chaval ha salido voluntariamente. Estoy seguro.
-Aquí la madre cree que han sido los extraterrestres – dijo sin ironía.
-Oiga ¿Ustedes tienen un hijo de verdad? A ver si todo esto va a ser un cachondeo.
-No te pongas así, Paco, la tensión y el miedo hacen que la gente diga cosas raras, pero nada más. No es una burla.
-Yo trabajo en serio.
El padre se había ido junto a la madre y le acariciaba el pelo con ternura.
-Es que mi mujer hace años sufrió un episodio traumático relacionado con un ovni.
-¿Qué le pasó? – preguntó intrigado el policía.
-No recuerda gran cosa. Vio una luz muy potente, después comenzó a notar sopor, y cuando despertó estaba toda llena de señales rojas en el cuerpo, como si le hubieran conectado aparatos, algo así como cuando te hacen un electro, eran marcas raras, no eran de máquinas terrestres conocidas. Han de entenderla, ella siempre ha creído que fueron los extraterrestres.
-Si, es natural, pero esto de su hijo parece otra cosa bastante más sencilla.
-Ustedes tienen experiencia, hagan lo que crean conveniente.
Los dos policías decidieron que no tenían nada más que hacer en la casa. Salieron prometiendo tenerles informados.
-Si hay alguna novedad o recuerdan algo nos llaman. Y no se preocupen, ya verán como el chico aparece. La mayoría vuelve a casa al cabo de unas horas.
La mujer se quedó en la habitación acariciando la ropa de su hijo. ¿Dónde estaría? ¿Qué había pasado?
El día tocaba a su fin y por la ventana abierta entraba la rojiza luz del crepúsculo. De repente un potente haz de luz luminoso, vertiginoso y en silencio, apareció en medio de la habitación borrándose en pocos segundos. La mujer se llevó las manos a la boca ahogando un grito de sorpresa y temor.
Desplomado en el suelo yacía el cuerpo de su hijo. Se agachó junto a él, lo abrazó y besó desesperada.
El muchacho abrió los ojos.
-Mamá ¿qué haces?
-Rey mío, rey mío.
El padre subía corriendo las escaleras, le había parecido oír la voz de su hijo.
-¡Dios!
-Ha vuelto, ha vuelto.
-¿Dónde has estado?
-¿Qué pasa? no entiendo nada, papá.
-¿No recuerdas nada?
-¿Qué tengo que recordar? ¿Por qué es de noche? ¿No nos íbamos a casa esta tarde?
Los padres se miraron con inquietud.
-Te has puesto malo y has perdido el conocimiento, acabas de despertar.
-¿Y qué hago en el suelo?
-Te has caído de la cama, estabas delirando – dijo la madre.
-Voy a decir que ya se ha despertado – dijo el padre.
-Si, ves, pero di que ya está bien, que no hace falta que venga nadie, que mañana nos vamos -
El hombre bajó a llamar a la policía.
-¿Agente? Si, soy el padre del chico desaparecido, si, ya está en casa, tenía usted toda la razón, una chica. Claro. Lamento las molestias. Muchas gracias por todo. Mañana nos vamos. Gracias otra vez. Si, si, gracias por el consejo. Buenas noches.
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